Transnacional narcoterrorista en el golpe de estado en Bolivia

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado en Dnews: La crisis boliviana se ha convertido en la expresión más evidente de un sistema construido durante dos décadas bajo el paraguas del llamado socialismo del siglo XXI. Desde la llegada al poder de Hugo Chávez y Fidel Castro, se impulsó en la región una arquitectura criminal que transformó las instituciones de países como Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Ecuador. En Bolivia, el cambio más simbólico fue la sustitución de la antigua República por el denominado Estado Plurinacional, acompañado de reformas legales e institucionales que sirvieron para consolidar un modelo de poder destinado a garantizar impunidad, controlar la justicia y blindar redes de corrupción y narcotráfico.

A seis meses de la llegada de Rodrigo Paz a la presidencia, el país atraviesa una creciente tensión marcada por protestas, bloqueos y demandas sociales, parte de una operación organizada por sectores vinculados al entorno de Evo Morales quien perdió el gobierno, pero nunca el poder real, debido a que las estructuras del Estado continúan respondiendo al modelo construido durante su mandato. Las movilizaciones actuales buscan frenar cualquier intento de desmontar el aparato institucional heredado del masismo y evitar que Morales enfrente procesos judiciales por corrupción, abusos y vínculos con el narcotráfico.

El debate adquiere una dimensión regional porque el castrochavismo ha convertido a varios países latinoamericanos en “narcoestados”, es decir, sistemas donde sectores del poder político y de las instituciones terminan subordinados al crimen organizado. En el caso boliviano la expulsión de la DEA, la modificación de leyes antidrogas y el crecimiento exponencial de los cultivos ilegales de coca fueron parte del modelo de la dictadura de Morales. A ello se suma la presencia de carteles internacionales, operaciones de lavado de dinero y protección a narcotraficantes extranjeros, factores que han profundizado el deterioro económico y la pérdida de reservas, combustible y estabilidad financiera que hoy golpean al ciudadano común en Bolivia.

La crisis boliviana aparece también como un reflejo de la disputa geopolítica que atraviesa América Latina. Figuras como Gustavo Petro, Luiz Inácio Lula da Silva y el antiguo liderazgo político mexicano son los aliados de un bloque regional que aún intenta preservar influencia política pese al debilitamiento de regímenes como el de Nicolás Maduro. Mientras tanto, Bolivia permanece atrapada entre la promesa de restaurar la institucionalidad democrática y el peso de una estructura política que continúa funcionando como un sistema de poder criminal paralelo, decidido a sobrevivir a cualquier cambio de gobierno.