Crisis en Bolivia, causas y alternativas
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Alejandra Casso: Bolivia atraviesa hoy una de las crisis más profundas de su historia reciente, atrapada entre el desgaste de un modelo que convirtió al Estado en instrumento de control ideológico, persecución y corrupción. El debate ya no se limita a la política interna: se inserta en una disputa geopolítica hemisférica marcada por el declive del llamado socialismo del siglo 21, impulsado durante décadas por los regímenes de Cuba y Venezuela. En este contexto, el ascenso de Rodrigo Paz a la presidencia en 2025 aparece para muchos bolivianos como una oportunidad de ruptura con más de veinte años de estructuras de poder asociadas al “Estado plurinacional”, un sistema funcional al narcotráfico y a la impunidad.
El nuevo gobierno enfrenta un obstáculo central: haber conquistado el gobierno, pero no el poder real. La administración actual controla ministerios y la estructura formal del Ejecutivo, pero las instituciones estratégicas —justicia, fiscalía, organismos electorales y aparatos de seguridad— continúan bajo influencia de operadores del antiguo régimen. Esa fractura explica la enorme desconfianza ciudadana hacia las instituciones, el mantenimiento de presos políticos y la persistencia de una crisis económica que golpea diariamente a la población con desempleo, dependencia estatal, escasez de combustible e inseguridad creciente.
El acercamiento a Estados Unidos, el retorno de la DEA y el alineamiento con iniciativas regionales de seguridad coinciden con un escenario internacional adverso para las viejas alianzas bolivarianas. La caída de figuras centrales del eje Caracas-La Habana y las investigaciones sobre redes de narcotráfico transnacional han aumentado la presión sobre sectores vinculados al masismo y al entorno de Evo Morales. En esa lógica, las recientes tensiones políticas, movilizaciones y bloqueos son parte de una disputa por recuperar el control total del Estado y evitar investigaciones nacionales e internacionales.
Frente a esta situación, el desafío para Bolivia no pasa únicamente por resistir la crisis, sino por reconstruir institucionalidad y confianza. El gobierno tiene tres tareas urgentes: desmontar el andamiaje legal heredado del modelo anterior, terminar con la impunidad por corrupción y violaciones de derechos humanos, y recuperar la unidad nacional por encima de divisiones ideológicas y regionales. Sin reformas profundas, transparencia y un proyecto nacional capaz de devolver esperanza económica y seguridad jurídica, Bolivia seguirá atrapada en una confrontación permanente entre democracia debilitada y estructuras criminales de poder enquistadas desde hace más de dos décadas.
