Brasil y el continuismo paradictatorial con Lula
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Luis Galeano en «Café con voz»: Lula, último socio vivo del socialismo del siglo 21, opera como brazo político de una maquinaria que sustituye la democracia por dictaduras electoralistas: se vota, pero no se elige. Desde el Foro de São Paulo hasta el respaldo explícito a Maduro, Ortega y los regímenes de la región, el patrón se repite: populismo, control de jueces y autoridades electorales, persecución de opositores y destrucción del Estado de derecho.
El país que surge de esta maniobra está partido y amenazado. Más del 80 % de los brasileños teme quedar atrapado en un tiroteo y más del 60 % evita salir de noche por miedo al asalto; el crecimiento del Comando Vermelho y del PCC no es casualidad, sino consecuencia de convertir el Estado en refugio del crimen organizado. Lula practica el dogma castrista de que el poder no se entrega jamás: manipula la justicia, mantiene un gobierno minoritario sin mayoría en el Congreso ni en los estados, y genera una inestabilidad que ya cerró la bolsa, elevó el dólar y empuja capitales hacia Paraguay. No es un triunfo democrático; es la perpetuación de un sistema que sacrifica a la población.
La ola de cambio geopolítico en las Américas deja a este modelo aislado. Mientras en Venezuela avanza el desmontaje bajo presión externa y el retorno de María Corina Machado acelera la restitución de la democracia, el “éxito” de Lula en Brasil no refuerza a La Habana ni a Managua: lo acelera su desmoronamiento.
