Síntomas del narcoestado pluri: crisis económica, sicarios, carteles, impunidad, inseguridad..

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Enrique Salazar en «Voz y voto» PAT: Bolivia no se convirtió en narcoestado por accidente ni por herencia reciente: el andamiaje se armó desde la agenda de octubre de 2003, cuando los golpistas de entonces pactaron la Constituyente, la nacionalización de los hidrocarburos, el libre cultivo de coca y la persecución de los líderes democráticos. Con la primera fabricaron el Estado plurinacional, estatuto diseñado para proteger al crimen; con la segunda agotaron el gas; con la tercera entregaron el poder político a las federaciones cocaleras del trópico de Cochabamba, convertidas en el Movimiento al Socialismo. Desde entonces el país dejó de ser República y se transformó en refugio de carteles mexicanos, colombianos, brasileños, rusos, chinos e iraníes, mientras el principal referente de esa red permanece protegido en su feudo y nadie lo procesa por narcotráfico ni por las masacres que se le atribuyen.

La violencia cotidiana, el sicariato, la escasez de diésel, dólares y gas no son males aislados: son síntomas de una enfermedad institucional. Han reemplazado la Ley 1008 por una norma que convierte el cultivo ilegal casi en mérito, han manipulado fiscalías y tribunales mediante votaciones amañadas de jueces, han anulado el Estado de derecho y lo han sustituido por el terrorismo de Estado. Mientras las autoridades utilicen sus potestades para participar en alguna fase de la cadena del narcotráfico, la impunidad seguirá invitando a las mafias del mundo y el pasaporte boliviano no recuperará valor. El “le meto no más” que se normalizó como práctica social ha liquidado los frenos y contrapesos que alguna vez existieron bajo la República.

El presidente Rodrigo Paz recibió un mandato de cambio y hasta ahora se ha limitado a atender síntomas, muchos de ellos impulsados desde afuera. Para dejar de ser jefe del Estado plurinacional y convertirse en presidente de la República necesita anular las leyes de la estructura dictatorial, acabar con la impunidad y sacar a la delincuencia organizada de la política. Sin ese quiebre del tablero, el país seguirá dividido entre el narcoestado que detenta el poder y la nación boliviana que lo padece, y el rumbo económico será el de la miseria que ya conocemos en otros regímenes del socialismo del siglo XXI.