Geopolítica en las Américas. Historia y cambio
Carlos Sánchez Berzaín en la Conferencia «Geopolítica en las Américas». Agosto 12, 2020.
La geopolítica, entendida como el análisis de cómo el espacio geográfico influye en el poder y las relaciones internacionales, ha marcado la historia de las Américas desde la Doctrina Monroe de hace más de dos siglos. Esta proclamó la protección estadounidense frente a agresiones europeas a las nacientes repúblicas. A lo largo del siglo XX, las guerras mundiales, el multilateralismo de la ONU y Bretton Woods, y la Guerra Fría configuraron el continente como escenario de disputa entre el bloque capitalista liderado por Estados Unidos y el comunista, con Cuba como plataforma de expansión de guerrillas, invasiones y el primer narcoestado. El fin de la Unión Soviética en 1991 abrió un periodo de optimismo democrático, cristalizado en la Cumbre de las Américas de 1994 y la Carta Democrática Interamericana de 2001, que consagró la democracia como derecho fundamental.
Ese impulso se quebró con la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela en 1999, quien, aliado a Fidel Castro y a Lula da Silva a través del Foro de São Paulo, rescató a la dictadura cubana y dio origen al llamado socialismo del siglo 21 —calificado recientemente por el Departamento de Estado como comunismo del siglo 21, con capital en La Habana—. Este eje impulsó la expansión de dictaduras en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador de Correa, además de gobiernos “paradictatoriales” electos democráticamente pero subordinados al sistema cubano-venezolano en países como Argentina, Perú, Paraguay, Uruguay, Colombia, Chile, México y Brasil. El vacío dejado por el retiro estadounidense tras el 11-S permitió la penetración de potencias extracontinentales —China, Rusia e Irán—, especialmente a través de inversiones estratégicas chinas, y la consolidación de narcoestados donde el poder gubernamental se fusiona con el tráfico de drogas.
El cambio de gobierno en Estados Unidos en 2025, con la llegada de Donald Trump, revirtió esta tendencia. La Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de ese año restableció explícitamente la Doctrina Monroe, negando a competidores no hemisféricos el control de activos vitales y reafirmando la preeminencia estadounidense en el hemisferio. Acciones concretas —desde la captura de líderes narcoterroristas en Venezuela hasta operaciones contra el tráfico de cocaína, la entrega de criminales por México y la cooperación con el Comando Sur en Ecuador— han impulsado el desmontaje de narcoestados y el repliegue de la delincuencia organizada transnacional.
Hoy, en agosto de 2026, el mapa geopolítico de las Américas se reduce a dos dictaduras plenas (Cuba y Nicaragua) y dos gobiernos paradictatoriales (México y Brasil), mientras el resto de la región avanza hacia la restauración democrática y la lucha contra el crimen organizado. Este viraje, impulsado por la seguridad nacional estadounidense, prioriza el bilateralismo sobre el multilateralismo y protege recursos estratégicos —minerales, hidrocarburos, biodiversidad y el Canal de Panamá— frente a influencias extracontinentales. El continente vive un momento de redefinición histórica: el eje dictaduras versus democracias se inclina hacia la libertad, con consecuencias que seguirán desplegándose en los próximos años.
