Unidad nacional en Bolivia para frenar el golpe foquista narco
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado en «Al Punto» TVU, de la universidad Mayor Sán Andrés: Urge la alianza de clases, de regiones, de culturas para recuperar la economía y las instituciones. Indios somos todos. No es una lucha racial, ideológica ni regional, es la lucha por la unidad en la diversidad.
Bolivia atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La crisis política, económica y social que hoy asfixia al país no puede entenderse únicamente como una disputa ideológica entre izquierda y derecha, sino como una confrontación más profunda entre un sistema de narcoestado y una sociedad que reclama recuperar la democracia, la libertad y la institucionalidad perdida. El deterioro de la confianza pública —con niveles alarmantes de desconfianza hacia la policía, la justicia y las fiscalías— refleja la magnitud de la fractura que vive la nación boliviana.
El nuevo gobierno de Rodrigo Paz heredó una estructura estatal aún dominada por los resabios del poder construido durante más de dos décadas por Evo Morales y el Movimiento al Socialismo. El actual mandatario ha asumido la administración del gobierno, pero no el control efectivo del poder, debido a la permanencia de redes políticas, policiales y militares vinculadas al antiguo régimen. La crisis de combustibles, la escasez de dólares, el debilitamiento económico y los bloqueos que paralizan ciudades enteras son síntomas de una estrategia destinada a preservar impunidad y desestabilizar cualquier intento de transición democrática.
En ese contexto, la situación boliviana se puede comparar con episodios de desestabilización ocurridos anteriormente en otros países de la región, particularmente Ecuador en 2019. Bolivia enfrenta una operación criminal internacional orientada a convertir al país en el último bastión del “socialismo del siglo 21”, mientras Venezuela y Cuba atraviesan procesos de desgaste y debilitamiento. Asimismo, existe la necesidad de una política exterior alineada con organismos internacionales y alianzas hemisféricas que permitan enfrentar el narcotráfico, restaurar la seguridad y contener la violencia interna.
Sin embargo, la salida no pasa por la confrontación violenta, sino por la construcción de un gobierno de unidad nacional capaz de reconciliar a los bolivianos, restaurar la confianza institucional y reconstruir el Estado democrático. El desafío consiste en superar las divisiones regionales, raciales e ideológicas promovidas durante años, y reemplazarlas por un proyecto común basado en la libertad, la estabilidad y la recuperación económica. Bolivia se encuentra, así, ante una encrucijada histórica: continuar atrapada en la lógica de la confrontación y la crisis permanente, o iniciar un proceso real de reconstrucción nacional.
