Efectos de las elecciones de EE.UU en las Américas.
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Nivar Hevía y Vaca: El resultado de las elecciones intermedias en Estados Unidos no altera el rumbo esencial de su estrategia de seguridad nacional, que sigue siendo competencia exclusiva del poder ejecutivo. Aunque el control demócrata del Senado y la Cámara puede generar fricción interna y algún ajuste de énfasis, la lucha contra el narcoterrorismo, el crimen organizado y el fortalecimiento de las democracias de las Américas permanece intacta. Quienes confían en que el cambio de mayorías parlamentarias ofrecerá respiro a la delincuencia se equivocan: cuando está en juego el interés nacional, el cálculo partidista queda subordinado.
En el continente, esa continuidad acelera procesos ya en marcha. Venezuela se acerca a un desenlace, y con ella se precipita el fin de las dictaduras de Cuba y Nicaragua. Las presiones sobre Colombia, Ecuador y Bolivia aumentan porque el Escudo de las Américas no es una política de un solo partido, sino una respuesta a una amenaza común. La democracia estadounidense, con sus frenos y contrapesos, demuestra que puede cambiar mayorías sin abandonar la defensa de su seguridad ni la de sus vecinos.
En Bolivia la distancia con ese modelo es abismal. Aquí no rige un sistema de pesos y contrapesos, sino la estructura del narcoestado plurinacional: una Constitución nula, leyes que protegen la impunidad y un aparato político —el MAS y las federaciones cocaleras— que mantiene el poder real aunque haya cambiado el titular del Ejecutivo. Mientras Evo Morales siga impune en el Trópico, mientras se elijan magistrados por manipulación y mientras la delincuencia organizada ocupe alcaldías, gobernaciones y tribunales, cualquier medida parcial será apenas la punta del iceberg. Solo abrogar ese marco, recuperar la moral social y devolver la política a los políticos —no al crimen— permitirá que Bolivia deje de ser la excepción hundida en la región.
