Bolivia presa del narcoestado, en indefensión

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Gary Añez en ASCONTENIDOS: Bolivia no aguanta más: la zozobra cotidiana por secuestros, robos y crímenes que muchos callan por miedo es el síntoma visible de un narcoestado que se instaló hace más de dos décadas y que hoy opera a sus anchas. No es un problema de “este gobierno” ni un algo pasajero; es la consecuencia de haber convertido al país en plataforma y refugio de carteles mexicanos, colombianos, brasileños, rusos y cubanos, mientras las instituciones fueron vaciadas desde adentro.

El punto de quiebre fue la Agenda de Octubre de 2003 y la Constitución plurinacional que impuso un sistema jurídico diseñado para proteger al crimen, no a la ciudadanía. Expulsar a la DEA, destruir la independencia judicial y policial, y dejar que el MAS funcione como brazo político de las federaciones cocaleras del trópico y que consolidó la impunidad: “le meto nomás” se volvió norma desde las altas esferas hasta la calle. Hoy el gobierno tiene el Ejecutivo, pero el poder real sigue en esa estructura: territorios sin soberanía estatal, fiscales y jueces recaudadores, y una policía fracturada entre quienes quieren cambiar y quienes protegen el negocio.

Sin sinceramiento público de la situación real —seguridad, deuda, instituciones, educación y salud— y sin romper las bases jurídicas del narcoestado (empezando por la nulidad de esa Constitución y de las leyes que la sostienen), cualquier medida táctica será insuficiente. Hay que acabar la impunidad desde arriba, reformar de raíz policía, justicia y sistema de identificación, y aprovechar el desmontaje regional del crimen organizado para recuperar el Estado de derecho. Si no formamos esa unidad y esa voluntad de devolver el poder a la nación, el pueblo seguirá pagando con crisis lo que se construyó durante más de veinte años.