Brasil, Lula pierde. Bolivia en desmontaje del narcoestado

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado en Martí Noticias: El repudio que el pueblo brasileño expresa en las urnas no es un episodio aislado: forma parte del desmontaje regional de un proyecto que, desde el Foro de São Paulo, convirtió a América Latina en campo de confrontación contra las democracias y contra Estados Unidos. Recordemos que Lula da Silva, fichado en su momento por el sistema brasileño y operador de la dictadura castrista, organizó ese foro en 1990, por instrucción de Fidel Castro, precisamente cuando se anticipaba la caída de la Unión Soviética. Con el petróleo de Chávez y la estructura del foro se edificó el llamado socialismo del siglo XXI, que multiplicó dictaduras —Venezuela, Nicaragua, Bolivia, el Ecuador de Correa— y sostuvo a La Habana aun en su periodo especial.

Ese entramado pierde recursos económicos y geopolíticos desde la captura de Nicolás Maduro. Chile, Colombia y Perú ya rechazaron en las urnas a sus operadores; en Brasil, la primera vuelta dejó a Lula, último fundador vivo de ese sistema, en derrota. Los votos de quienes quedaron tercero, cuarto y quinto —cerca de siete millones— expresan repudio y las encuestas anticipaban su caída incluso en escenarios más favorables. Quienes pretenden movilizar abstencionistas chocan con un aparato de fraude bajo observación nacional e internacional. Lula deterioró la economía y la seguridad al usar al Brasil como instrumento antiimperialista, protegió a la delincuencia organizada y defendió en la OEA la eternización de Ortega, la legalización de Maduro y los regímenes de Morales y Arce.

En Bolivia el mismo patrón se revela con crudeza: desde el golpe de 2003 se instaló un narcoestado que expulsó a la DEA, incumplió convenios y blindó con la Constitución plurinacional y leyes posteriores cada etapa del tráfico, desde la coca ilegal hasta el lavado. La detención del fiscal Roger Mariaca y de otros altos cargos del Ministerio Público marca el inicio del desmontaje, pero el presidente Rodrigo Paz tiene el gobierno, no el poder: ese sigue en manos del sistema que aún oprime al país. Debemos seguir de cerca la segunda vuelta del 25 de octubre y exigir que el desmonte no se detenga en las fronteras.