Golpe en Bolivia, reactivo a caída del socialismo criminal en las Américas
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por NIvar Hevía y Vaca en «TarijaTV»: Bolivia atraviesa una de las crisis políticas e institucionales más profundas de su historia reciente. Las protestas y tensiones actuales no son hechos aislados, sino parte de una disputa por la supervivencia de un modelo de poder construido durante más de dos décadas bajo el llamado “Estado plurinacional”. El país dejó atrás la estructura republicana tradicional para convertirse en un sistema marcado por la concentración de poder, la persecución política y la expansión del narcotráfico, en el marco de la influencia regional del socialismo del siglo 21 impulsado desde Cuba y Venezuela.
Hay deterioro progresivo de la institucionalidad boliviana desde 2003, con la transformación del aparato estatal, la destrucción de la independencia de poderes y el debilitamiento de la economía nacional. Bolivia pasó de ser un exportador energético estratégico a enfrentar escasez de gas y una severa crisis financiera. Paralelamente se da la expansión de la producción ilegal de coca y la consolidación de estructuras criminales vinculadas al narcotráfico, situación que ha convertido al país en un “narcoestado” protegido políticamente por el entorno de Evo Morales y sectores del oficialismo.
En ese contexto, la llegada de Rodrigo Paz a la presidencia es una oportunidad de cambio que, sin embargo, aún no logra consolidarse. El mandatario “tomó el gobierno, pero no el poder”, debido a que no ha desmontado las estructuras políticas, judiciales y económicas heredadas del masismo. Aunque se destaca un giro en política exterior y un acercamiento a iniciativas hemisféricas de cooperación democrática y lucha contra el crimen organizado, también hay una falta de acciones contundentes contra la impunidad, especialmente frente a Evo Morales, quien ejerce influencia política y respaldo dentro de las estructuras estatales y sociales.
Lo que ocurre en Bolivia trasciende sus fronteras y forma parte de una batalla geopolítica regional. La confrontación entre democracia, crimen organizado y autoritarismo define no solo el futuro boliviano, sino también el equilibrio político de América Latina. La recuperación institucional del país pasa por restaurar el Estado de derecho, recuperar la confianza ciudadana y enfrentar judicialmente a quienes consideran responsables de la corrupción, la crisis económica y el deterioro democrático que hoy mantiene a Bolivia en un escenario de extrema fragilidad.
