Cae la dictadura de Cuba y las democracias recuperan seguridad
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Fernando Aguayo: La captura y traslado de Nicolás Maduro ante la justicia estadounidense el pasado 3 de enero ha marcado el inicio del colapso definitivo del eje político construido por La Habana en América Latina. La dictadura cubana perdió a su principal sostén económico, militar y estratégico con la caída del régimen venezolano como plataforma operativa del llamado “socialismo del siglo 21”. Durante décadas, Cuba ha ejercido control político, inteligencia y expansión regional gracias al petróleo venezolano y al financiamiento derivado de Caracas, elementos que hoy aparecen severamente debilitados.
Washington dejó de considerar al régimen cubano únicamente como una dictadura ideológica y pasó a identificarlo como la cabeza de una estructura de crimen organizado transnacional vinculada al narcotráfico, el terrorismo y la desestabilización regional. Bajo esa visión, el desmontaje del aparato chavista en Venezuela es apenas la primera fase de una estrategia más amplia para desarticular las redes políticas y financieras asociadas a La Habana. La imagen de reuniones recientes del Comando Sur y del Departamento de Estado con un mapa de Cuba de fondo es presentada como símbolo de un cambio geopolítico profundo en la política hemisférica de Estados Unidos.
La actual reacción del gobierno cubano con la conducta previa del chavismo venezolano: primero la negociación, luego la resistencia propagandística, más tarde la apelación al antiimperialismo y finalmente los intentos de ganar tiempo mediante maniobras políticas internas e internacionales. La Habana está siguiendo el mismo libreto aplicado en Caracas, buscando sostenerse mediante discursos soberanistas mientras pierde capacidad real de maniobra. La fragilidad económica, el aislamiento internacional y la ausencia de un respaldo venezolano sólido son factores que aceleran la agonía del castrismo.
El futuro de Venezuela será decisivo para el equilibrio político de toda la región. Prolongar una transición administrada por figuras del chavismo permitiría la regeneración del sistema bajo nuevos rostros y abriría espacios para recuperar legitimidad política y recursos económicos. Por ello, el análisis es imperativo acelerar elecciones y fortalecer el liderazgo opositor encabezado por María Corina Machado, presentada como pieza central para desmontar definitivamente el aparato político heredado del chavismo. La caída del modelo cubano-venezolano no será un episodio aislado, sino el cierre de un ciclo político que durante años condicionó la estabilidad democrática de América Latina.
