Terminar el narcoestado de Venezuela con elecciones ya

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Patricia Poleo en «Factores de Poder»: El 3 de enero de 2026 no solo ha marcado el inicio del desmantelamiento del aparato chavista, sino también el debilitamiento del eje regional asociado al llamado castrochavismo o “socialismo del siglo XXI”, con repercusiones directas en Cuba, Nicaragua y Bolivia.

Venezuela dejó de ser el principal soporte financiero y energético de La Habana, así como una plataforma de cooperación estratégica para actores extracontinentales como China, Irán y Rusia. A ello se suma la intensificación de operaciones contra el narcotráfico en distintos puntos de la región y una nueva presión diplomática de Washington sobre gobiernos antes alineados con Caracas. En ese contexto, la administración de Donald Trump es el gran articulador de un nuevo orden hemisférico basado en seguridad, control territorial y combate frontal contra las estructuras criminales enquistadas en el poder político.

Sin embargo, el escenario venezolano continúa lejos de una normalización democrática plena. Aunque se mencionan liberaciones de presos políticos y cierta flexibilización parcial del control interno, el aparato del régimen permanece intacto bajo la conducción de Delcy Rodríguez. El debate central gira ahora en torno a si el proceso en marcha representa una transición auténtica o apenas una reorganización temporal del mismo sistema criminal. Las dictaduras latinoamericanas han demostrado históricamente una gran capacidad para ganar tiempo, adaptarse a las presiones internacionales y sobrevivir a los cambios de coyuntura mientras preservan el control real del Estado.

En medio de ese tablero, la figura de María Corina Machado ocupa el centro de la discusión política. El momento exige acelerar elecciones libres y convertir el respaldo popular de la oposición en una transición definitiva hacia la democracia. Prolongar la administración provisional del chavismo podría permitirle recomponer poder y reciclar políticamente a la estructura criminal que sostuvo al régimen durante años. Hay que transformar la presión internacional y el nuevo contexto geopolítico en una oportunidad irreversible para desmontar el sistema autoritario y abrir un nuevo capítulo en la historia venezolana.