Cambio en las Américas se consolidará con terminación de dictaduras
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado en «Martí Noticias»: El régimen cubano no es una revolución, es un sistema que ha operado como estructura de poder basada en prácticas criminales, tanto dentro como fuera de sus fronteras. El régimen ha consolidado un método de control sostenido en el uso sistemático del aparato estatal para reprimir, desestabilizar y proyectar influencia mediante redes ilícitas, desde el terrorismo de Estado hasta el narcotráfico, configurando un modelo que trasciende lo ideológico para insertarse en dinámicas propias del crimen organizado transnacional.
En el siglo XXI, este esquema encontró un impulso decisivo con el respaldo económico y político del fallecido Hugo Chávez, quien facilitó la expansión del denominado “socialismo del siglo 21”. Venezuela se convirtió así en pieza clave de un engranaje regional que replicó mecanismos de control y financiamiento ilícito. Hoy, ese sistema enfrenta un punto de inflexión tras la captura del dictador Nicolás Maduro, un hecho que marca el inicio de un proceso de desmantelamiento con implicaciones profundas para el equilibrio político en América Latina.
Mientras Venezuela avanza hacia una transición aún incierta —con llamados urgentes a elecciones libres y transparentes—, Cuba exhibe signos de agotamiento estructural, y Nicaragua y Bolivia enfrentan crecientes presiones internas y externas. Figuras como María Corina Machado son protagonistas de una posible redefinición democrática, en medio de advertencias sobre las tácticas históricas de estos regímenes criminales para dilatar cambios mediante concesiones parciales y maniobras políticas.
En paralelo, el tablero geopolítico añade nuevas tensiones. La confrontación entre Estados Unidos y potencias como China se refleja en episodios como el de Panamá. Este pulso revela una disputa más amplia por la influencia en la región, en la que la defensa de la democracia se entrelaza con intereses estratégicos y económicos. América Latina, en este contexto, parece encaminarse hacia un periodo de redefinición profunda, donde el año 2026 podría marcar el cierre de un ciclo político dominado por regímenes autoritarios.
