Proceso de liberación de Venezuela avanza

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por José Pernalete en «Esto es América»: La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero marca un punto de inflexión histórico para Venezuela. A partir de ese momento, el país ha entrado en una fase de transición política bajo la tutela de Estados Unidos, con una agenda clara orientada a desmontar las estructuras del régimen de crimen organizado. En menos de tres meses, se reportan cambios significativos en áreas clave como el control de recursos, la reorganización institucional y la salida de figuras centrales del aparato de poder de la dictadura.

El proceso se apoya en una estrategia pragmática: utilizar a antiguos integrantes del propio sistema para acelerar su desmantelamiento. La remoción de altos funcionarios, incluyendo autoridades judiciales y militares, así como avances —aunque aún incompletos— en la liberación de presos políticos, reflejan una transformación en curso. Sin embargo, persisten desafíos cruciales como el retorno de los exiliados y la eliminación total del aparato represivo.

En este escenario, el liderazgo de María Corina Machado emerge como pieza central. Su figura encarna la legitimidad democrática que el nuevo proceso busca restaurar. Su reciente encuentro con Marco Rubio refuerza la importancia del respaldo internacional para acelerar una transición que desemboque en elecciones libres, transparentes y verificables.

Más allá de las fronteras venezolanas, este proceso tendría implicaciones geopolíticas de gran alcance. La supuesta reducción de la influencia de actores como Cuba, Irán, China y Rusia en Venezuela señalaría un reordenamiento del poder en la región. En este contexto, el llamado “socialismo del siglo XXI” enfrenta un debilitamiento estructural que podría extenderse a otros países del continente.

El desenlace de esta transición, no obstante, dependerá de la velocidad y profundidad de las reformas. La presión para alcanzar elecciones antes de fin de año se presenta como un objetivo clave para legitimar el nuevo orden. Mientras tanto, el mensaje hacia quienes aún detentan cuotas de poder es claro: su rol sería transitorio, condicionado por la expectativa de una restitución plena de la democracia. Venezuela, así, se convierte en el epicentro de un cambio que podría redefinir el equilibrio político en las Américas.