¿República o narcoestado? Bolivia no vota presidente, vota por un cambio de sistema

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Casimira Lema en «Entre líneas»:

Bolivia enfrenta este 19 de octubre una segunda vuelta electoral que, más que una competencia entre dos candidatos —Jorge «Tuto» Quiroga y Rodrigo Paz Pereira— representa una disyuntiva histórica: continuar bajo la estructura del “narcoestado plurinacional” o abrir paso a la restitución de la República y el Estado de derecho.

Bolivia llega a este balotaje sin condiciones reales de democracia, con más de 300 presos políticos —siendo el caso más emblemático el de la expresidenta Jeanine Áñez—, cerca de 28.000 exiliados y un aparato judicial totalmente sometido al poder dictatorial. En ese contexto, el próximo presidente deberá elegir entre mantener el statu quo o romper con el sistema que, protege la impunidad, el narcotráfico y la confiscación económica.

Estados Unidos ha enviado señales de apoyo a un eventual cambio. El presidente Donald Trump y otros representantes de su gobierno mencionaron explícitamente a Bolivia dentro de su estrategia continental contra el crimen organizado y el narcoterrorismo. Ambos candidatos bolivianos han buscado acercamientos con Washington, lo que es una oportunidad, pero ninguna relación internacional será suficiente si no se restituye primero la institucionalidad democrática y se derogan los artículos constitucionales que ahuyentan permiten la dictadura.

La discusión económica, no puede resolverse sin resolver primero la cuestión institucional. Con reservas agotadas, sin gas, sin diésel y sin dólares, el país necesitará un plan de emergencia inmediato financiado, probablemente, mediante créditos externos y la recuperación de fondos malversados del sistema de pensiones. Pero eso solo será posible si el próximo gobierno demuestra voluntad real de enfrentar al crimen organizado y revertir décadas de impunidad.

El poder del socialismo del siglo XXI —liderado por Evo Morales y Luis Arce— sigue intacto, aun si el Movimiento al Socialismo perdió espacios en la Asamblea Legislativa. No hay que confundir gobierno con poder: quien asuma el mando deberá enfrentarse a estructuras paralelas que controlan justicia, economía y seguridad.

Por ello, el gran desafío no es ganar la elección, sino gobernar con autoridad republicana. Por ejemplo al expresidente ecuatoriano Lenín Moreno, quien pese a haber sido heredero político de Rafael Correa, rompió con el autoritarismo, enfrentó al crimen organizado y permitió una transición democrática.

La esperanza, concluye, no está en un nombre, sino en un acto contundente: que el próximo mandatario firme un solo decreto con un solo artículo para restituir la Constitución de la República y poner fin al Estado Plurinacional, al que califica de nulo por origen y por imposición violenta. Esa —afirma— sería la verdadera señal de cambio que Bolivia espera desde hace veinte años.