De la democracia al crimen organizado:cómo la expansion de la dictadura de Cuba ataca a las Américas
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Henrique Fernando Salas Römer: A finales del siglo XX, el continente americano parecía encaminado hacia una era de consolidación democrática. En 1999, de los 35 países del hemisferio, 34 eran democracias y solo Cuba mantenía una dictadura debilitada. Sin embargo, ese mismo año marcó un punto de inflexión: la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela. Con el petróleo venezolano como motor financiero, Chávez rescató al régimen cubano y selló una alianza con Fidel Castro y Lula da Silva, del Foro de Sao Paulo, que reconfiguró el mapa político regional. Nacía así el llamado “socialismo del siglo XXI”, una estructura que funcionó como red de expansión de un sistema criminal disfrazado de proyecto político.
El nuevo eje Caracas-La Habana-Brasilia impulsó la desestabilización de las democracias latinoamericanas. Golpes de Estado, destituciones presidenciales y manipulación de organismos internacionales, como la OEA, marcaron el inicio del siglo XXI. La caída de gobiernos en Ecuador, Bolivia y Argentina evidenció un patrón de intervención coordinado. En paralelo, la OEA perdió independencia bajo la conducción de José Miguel Insulza, y la Carta Democrática Interamericana quedó neutralizada. La región entró en una etapa de retroceso institucional donde las dictaduras se multiplicaron.
La muerte de Chávez no interrumpió este proceso: lo consolidó. Con Nicolás Maduro, Cuba tomó el control total del esquema, mientras el dinero del narcotráfico reemplazaba al del petróleo como fuente de financiamiento. Se establecieron regímenes dictatoriales en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, mientras surgían “gobiernos paradictatoriales” en democracias formales, sostenidos por el crimen organizado y la corrupción transnacional. Casos como el “Lava Jato” en Brasil revelaron redes de sobornos y lavado de miles de millones de dólares usados para financiar estas estructuras.
Hoy, la confrontación en el hemisferio ya no es ideológica entre derecha e izquierda, sino entre democracia y crimen organizado. Estados Unidos, tras años de descuido centrado en otras regiones, ha modificado su política exterior y considera al cartel de los soles, con base en Venezuela, una amenaza directa a su seguridad nacional. Este cambio geopolítico, respaldado por países como Argentina, Perú, Ecuador y Panamá, busca desmantelar las redes criminales que secuestran pueblos y corrompen instituciones bajo el manto del socialismo del siglo XXI.
El proceso de recuperación democrática ya está en marcha. Las dictaduras se debilitan, el cartel de los soles se encuentra arrinconado y el viejo sistema de poder que unió a La Habana, Caracas y Brasilia se desmorona. El desafío que resta para las Américas es derrotar definitivamente a las estructuras criminales que, durante más de dos décadas, secuestraron la libertad del continente.
