Hora decisiva en Bolivia: Rodrigo Paz puede devolver la República o mantener la dictadura del MAS
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Luis Galeano en «Café con voz»: El reciente triunfo electoral de Rodrigo Paz en Bolivia ha despertado una oleada de esperanza entre los bolivianos y en toda la región. Su victoria, interpretada como un voto de confianza hacia un cambio democrático, representa también el fin de un ciclo de dominación política marcado por el control del crimen organizado y la influencia extranjera. Sin embargo, el desafío que enfrenta el nuevo presidente electo es monumental: rescatar al país de un sistema de narcoestado.
El principal valor del triunfo de Paz no radica en la victoria misma, sino en lo que hará con el poder que le ha otorgado el pueblo. El nuevo mandatario tiene la oportunidad de “restituir la libertad y la democracia” y liberar a Bolivia del sometimiento político y económico que la ha mantenido subordinada a Cuba, Venezuela e Irán. Las primeras señales internacionales parecen positivas: Estados Unidos y Argentina han mostrado disposición para cooperar con el nuevo gobierno en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.
Sin embargo, la restauración de la institucionalidad no será tarea sencilla. Bolivia continúa regida por la “Constitución del Estado Plurinacional”, una carta magna impuesta bajo un régimen dictatorial. Paz, amparado en el artículo 31 de la Constitución de 1994, puede declarar nula la actual estructura institucional y restituya la República. Tal medida, permitiría reconstruir la justicia, el Congreso y los organismos del Estado sobre bases democráticas.
El futuro político de Paz dependerá de si opta por el continuismo o por una ruptura definitiva con el modelo de narcoestado plurinacional instaurado por Evo Morales. Si el nuevo presidente decide mantener intacta esa estructura, se convertirá en el “cuarto jefe del narcoestado”, siguiendo la línea de Morales, Áñez y Arce. Pero si elige el camino de la restitución republicana, podría pasar a la historia como el líder que devolvió la libertad y el poder al pueblo boliviano.
A nivel continental, la elección boliviana también tiene implicaciones profundas. En un contexto donde las democracias luchan por sobrevivir frente al avance del crimen organizado y los regímenes autoritarios, el giro político de Bolivia podría marcar un precedente. Países como Argentina, Ecuador y Paraguay ya se alinean con una nueva visión hemisférica: identificar al narcoterrorismo como el principal enemigo de la libertad.
La comparación con el caso ecuatoriano de Lenín Moreno es inevitable. Como Moreno, Paz enfrenta la disyuntiva entre obedecer a las estructuras del pasado o asumir el costo político de desmantelarlas. Si sigue el ejemplo del exmandatario ecuatoriano, podría encabezar un proceso de transición hacia una Bolivia libre del intervencionismo extranjero y del control de las mafias.
Por ahora, la esperanza es el sentimiento dominante. Bolivia no ha recuperado todavía su institucionalidad ni su economía, pero la expectativa de cambio se respira en el ambiente. El 8 de noviembre, cuando Rodrigo Paz asuma la presidencia, comenzará a definirse si esa esperanza se transforma en libertad o si, una vez más, la historia se repite.
