Bolivia descertificada, el narcoestado en evidencia
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Ernesto Justiniano y su equipo de prensa, en EjuTV: Bolivia atraviesa una de las etapas más críticas de su historia reciente. El país dejó de ser una república soberana para transformarse en un narcoestado, donde la política y el narcotráfico se entrelazan. La situación, no solo ha generado una profunda crisis económica y social, sino que ha deteriorado la imagen internacional de los bolivianos, hoy estigmatizados al portar su propio pasaporte.
El concepto de narcoestado, ampliamente debatido en la academia, se refiere a gobiernos cuyas autoridades participan directa o indirectamente en actividades ligadas al narcotráfico. En el caso boliviano, el quiebre comenzó con el ascenso de Evo Morales, líder cocalero que modificó leyes claves como la 1008, expulsó a la DEA y permitió la expansión desmedida de los cultivos ilegales de coca, que pasaron de 3.000 hectáreas en 2003 a cifras que hoy superan ampliamente las 70.000.
Estados Unidos, en su informe anual de política antidrogas, ha “descertificado” a Bolivia, señalando que no cumple sus compromisos internacionales en la lucha contra el narcotráfico. Esta decisión acarrea graves consecuencias: desde el veto a créditos en organismos multilaterales como el FMI o el BID, hasta la pérdida de beneficios comerciales con el mercado estadounidense. Más aún, abre la puerta a futuras imputaciones internacionales contra líderes políticos implicados en la protección del negocio ilícito.
La situación interna tampoco es menos alarmante. El consumo de drogas en Bolivia, que en 2003 era prácticamente marginal, se acerca hoy al 10% de la población, reflejando el impacto directo de la producción descontrolada. A la par, organizaciones criminales internacionales —desde cárteles mexicanos hasta mafias brasileñas— han encontrado refugio en territorio boliviano, con episodios que van desde la presencia del narcotraficante Sebastián Marset hasta vínculos con herederos del Chapo Guzmán.
De cara al futuro, los analistas coinciden en que el próximo gobierno tendrá un desafío monumental: desmontar el entramado narco-político sin repetir el fracaso de administraciones anteriores. La recuperación del Estado de derecho, la erradicación de cultivos ilegales y la cooperación internacional serán determinantes. La pregunta clave es si Bolivia podrá revertir esta deriva o si quedará atrapada, como Venezuela, en las redes del crimen organizado.
