Solo la unidad de la “Nación Boliviana” superará la crisis

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Enrique Salazar en «Voz y voto»: Bolivia atraviesa una crisis estructural: la economía se deteriora cada día, la inseguridad ciudadana crece, el sicariato y el narcotráfico marcan el territorio, y la justicia permanece secuestrada. Lo que la gente exige es empleo, precios accesibles de los bienes básicos, seguridad y acceso real a la justicia. Todo lo demás —el arresto del exfiscal general, las pugnas por los fiscales de distrito, los paliativos del diésel o la gasolina— son apenas síntomas. La causa es una sola: un narcoestado cuya Constitución nula de 2009 y cuyo andamiaje jurídico fueron diseñados para proteger el delito, garantizar impunidad y suplantar a la República.

El gobierno actual trata los síntomas y deja intacta la estructura. Nombra funcionarios dentro del mismo sistema que durante dos décadas institucionalizó la corrupción de jueces y fiscales, la penetración de las fuerzas armadas y la policía, y el control político del trópico de Cochabamba. Mientras tanto, la deuda externa sigue opaca, los fondos de pensiones se descapitalizan, las hectáreas de coca ilegal se expanden y la criminalidad organizada regional encuentra en Bolivia un refugio intacto. El mandato popular fue de cambio, no de continuismo. Atender solo lo inmediato —sin inventario real del Estado recibido, sin plan de emergencia y sin romper la impunidad— condena al país a una crisis más profunda y a la desagregación nacional.

El camino exige tres decisiones que no admiten postergación: declarar la nulidad de las leyes del sistema autoritario, incluida su Constitución, y restituir el marco de la República; eliminar la impunidad que hoy protege a corruptos y narcotraficantes; y sacar de la política a la delincuencia organizada que todavía opera como actor central. Solo un gobierno de unidad nacional puede liderar esa restitución de la democracia, del Estado de derecho y de las condiciones para que los bolivianos recuperen su economía y su seguridad. De lo contrario, el continuismo dentro del narcoestado seguirá agravando la crisis y el costo lo pagará la nación entera.