Se agrava la crisis en Bolivia y no hay cambio

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Enrique Salazar: Bolivia sigue atrapada en los síntomas de un narcoestado que no se ha desmontado. Hoy Bolivia tiene un gobierno que administra apenas una parte del aparato estatal, pero no el poder: las estructuras que suplantaron la República, fragmentaron la nación y convirtieron al país en satélite del crimen, la corrupción y la impunidad siguen en pie. La esperanza inicial se ha tornado desconfianza, y esa desconfianza pone al país en el umbral de la descomposición. No se gobierna todo el territorio ni se gobierna para todos; hay zonas sin soberanía, órdenes de captura que nadie ejecuta y una autoridad paralela que desafía al Estado. Los asesinatos se vuelven rutinarios; la policía y la justicia, lejos de dar seguridad, producen incertidumbre, extorsión y descrédito.

Atender solo los síntomas —cambiar un comandante, anunciar una investigación o prorrogar un estado de excepción— no resuelve nada si se deja intacta la causa. La causa es el sistema que reemplazó el estado de derecho por el terror, la ley por la impunidad y la República por un aparato criminoso. Ese sistema no se combate con gestos parciales. Hay que restituir los elementos esenciales de la democracia: vigencia de la ley, separación de poderes y un Estado que no coexista con reductos al margen de la soberanía. Mientras eso no ocurra, el gobierno permanece limitado y el pueblo paga el costo de una institucionalidad rota.

El mandato popular fue de cambio, no de continuidad. No hay espacio para una oposición funcional ni para maquillar al narcoestado: o se elige un proyecto nacional de unidad —libertad, democracia y República frente al crimen organizado— o se acepta la descomposición. El crimen no tiene poder legítimo; tiene violencia. El poder soberano corresponde al Estado y debe usarse. Cuanto más se tarde en desmontar esa estructura, más graves serán las consecuencias. Bolivia no puede coexistir con la impunidad. El rumbo de salida es uno solo, y hay que tomarlo antes de que el deterioro se vuelva irreversible.