Nicaragua: No se puede llamar reforma constitucional a la modificación de un estatuto delictivo
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Luis Galeano en Café con Voz: Lo que Ortega y Murillo acaban de imponer no es una reforma constitucional: es la modificación del estatuto criminal de una organización de delincuencia organizada que detenta el poder en Nicaragua, un mamotreto que extiende su periodo a siete años y anula cualquier competencia electoral.
Hace tiempo que Nicaragua no tiene Constitución; la han suplido con instrumentos delictivos que concentran todo el poder, sustituyen el Estado de derecho por la voluntad de un grupo de criminales y hacen desaparecer los elementos esenciales de la democracia consagrados en la Carta Democrática Interamericana: el respeto a los derechos humanos, el acceso al poder sujeto a la ley, la separación de poderes, la libre organización política y el sufragio universal. Llamar “constitución” o “reforma” a esta cadena de falsedades, leyes infames y terrorismo de Estado es darle a actos criminales las denominaciones de la democracia y la libertad.
En el cambio geopolítico que vive el hemisferio, con Estados Unidos identificando al socialismo del siglo XXI —expansión de la dictadura cubana sostenida con el petróleo venezolano— como amenaza a la seguridad de todas las Américas, y con la OEA recuperando mayoría de países comprometidos con la democracia, esta provocación de la pareja dictatorial solo certifica sus delitos ante el mundo.
Las censuras que emitan los cancilleres no detendrán de inmediato sus acciones, pero constituyen la prueba internacional de que no habrá impunidad. Quienes pretenden un sultanato hereditario no quieren entender la razón ni el momento histórico de liberación que atraviesa el continente; son criminales que terminarán respondiendo por sus actos cuando la tiranía se desmorone.
