Restituir la democracia y la República en Bolivia, única forma de salir de la crisis
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Douglas Romay Lanza: Bolivia vive una crisis profunda —económica, social, política, cultural y de conducta— que no nació de la nada. En 2003 éramos un país en progreso, primera potencia gasífera de la región, con reservas de oro, dólares y una pobreza cercana al 20 por ciento; hoy más del 62 por ciento de los bolivianos es pobre y casi un tercio se pregunta cada día qué comerá. Esa destrucción empezó el 17 de octubre de 2003, cuando el derrocamiento y la posterior Agenda de Octubre —constituyente, “nacionalización” de hidrocarburos, libre cultivo de coca y persecución de las autoridades depuestas— se convirtieron en el manual para desarmar la República.
Lo que se presentó como refundación fue, en realidad, una sucesión de fraudes y violencias: se falsificó el mecanismo constitucional para imponer una Asamblea, se reescribió el texto con abogados extranjeros y se lo aprobó en el Congreso ordinario entre masacres; se liquidaron la Corte Suprema, el Tribunal Constitucional, la Fiscalía y el órgano electoral para reemplazarlos por entidades “plurinacionales” al servicio del poder. La llamada nacionalización no nacionalizó nada que no fuera ya de la nación: canceló la exploración, aceleró la explotación y mató la gallina de los huevos de oro. Perdimos los mercados de Argentina y Brasil, nunca llegamos a Estados Unidos ni a México, y hoy importaremos gas. Al mismo tiempo se expulsó a la DEA, se desmontó la Ley 1008 y se entregó el control a las federaciones cocaleras: de 3.000 hectáreas ilegales pasamos a 70 u 80 mil y a un narcoestado penetrado por carteles, sicarios e inseguridad cotidiana.
La amnistía de Mesa perdonó a los asaltantes y abrió la cacería contra quienes defendieron el orden constitucional. Esa lógica —impunidad para unos, cárcel y exilio para otros— sigue vigente porque el Estado Plurinacional no es una Constitución reformable: es un acto nulo impuesto con sangre y copiado de Cuba y Venezuela para garantizar impunidad. No saldremos de la crisis administrando síntomas ni maquillando lo que nació viciado. Hay que restituir la República, el Estado de derecho, la separación de poderes y el sufragio limpio. Mientras el poder real permanezca en el sistema que destruyó las instituciones, los pobres seguirán más pobres y los responsables más ricos e impunes. Esa es la causa; cualquier otra ruta es continuismo.
