Crisis de Bolivia comenzó con el golpe de estado del 2003

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Marisol Muñoz, Raykha Flores y José Gutiérrez en «Correo Play»: No podemos mirar la crisis boliviana como un fenómeno reciente ni reducirla a la escasez de dólares, combustible, gas o al deterioro de la economía. El problema es mucho más profundo: comenzó con la ruptura institucional que siguió a los acontecimientos de octubre de 2003 y con una narrativa sobre aquellos hechos que nunca fue sometida a una investigación integral. Han pasado más de dos décadas y seguimos sin responder preguntas esenciales: quién provocó los bloqueos, quién alentó la violencia, quiénes participaron en la desestabilización y por qué unos fueron perseguidos mientras otros terminaron ocupando posiciones de poder. Sin verdad no hay justicia, y sin justicia no puede existir una democracia sólida.

También debemos preguntarnos qué ocurrió con el país que teníamos antes de aquel quiebre. Bolivia perdió buena parte de sus reservas de gas, comprometió sus recursos financieros y debilitó sus instituciones mientras se consolidaba un modelo político que concentró el poder y redujo la independencia de la justicia. Más allá de las posiciones ideológicas, resulta imposible ignorar una realidad: hoy enfrentamos una crisis económica e institucional que exige revisar las decisiones tomadas durante estos años. No basta con atender los síntomas. Hay que discutir las causas y, sobre todo, establecer responsabilidades mediante procedimientos transparentes, respetando el debido proceso y sin convertir la justicia en instrumento de persecución política.

La reciente decisión judicial que declaró la nulidad del proceso seguido contra miembros del gobierno de 2003 abre una oportunidad que no debería desperdiciarse. No necesitamos una justicia selectiva que absuelva a unos y condene a otros por razones políticas; necesitamos una investigación completa, en la que nadie quede fuera, tenga el apellido que tenga o haya ocupado el cargo que haya ocupado. Esa es la única manera de cerrar una herida que permanece abierta desde hace 23 años. La verdad histórica no puede construirse sobre una sola versión ni puede estar subordinada a los intereses de quienes tuvieron el poder.

Bolivia necesita recuperar algo más que sus equilibrios económicos: necesita recuperar la República, el Estado de derecho, la independencia de los poderes y la igualdad de todos ante la ley. No se reconstruye una democracia cambiando nombres, reformando parcialmente instituciones o administrando la crisis día tras día; se la reconstruye devolviendo legitimidad a sus instituciones y garantizando que nunca más la violencia, la impunidad o la manipulación política sustituyan al voto y a la ley. Tenemos el deber de mirar hacia atrás sin miedo, investigar sin excepciones y corregir sin rencor. Solo así podremos volver a mirar hacia adelante con alguna esperanza.