Bolivia sin Independencia y sin República en 201 aniversario de su fundación
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Raúl Velásquez en «De Primera Mano»: Bolivia llega este 6 de agosto de 2026 a los 201 años de su independencia con la patria cautiva. Desde el golpe de octubre de 2003 se impuso un proceso regional del socialismo del siglo XXI —el castrochavismo financiado por Venezuela y dirigido desde Cuba— que en Bolivia se llamó masismo. Con masacres, persecuciones, presos y exiliados se desmontó la República, se forzó una constituyente y se implantó por la violencia el Estado Plurinacional, copia del sistema dictatorial que ya asoló a Cuba, Venezuela, Ecuador y Nicaragua. Ese texto constitucional, nulo de pleno derecho, permanece vigente solo por la fuerza y ha convertido a Bolivia en satélite de una estructura transnacional que aún controla el poder real.
El resultado es devastador: un narcoestado donde el partido dominante es la organización de los cocaleros del Chapare, más de cien mil hectáreas de coca ilegal, la riqueza del gas liquidada, y una pobreza que saltó del menos del 20 % en 2003 a más del 60 % hoy, camino de la miseria. Se dividió a la nación en 36 ficticias, se instauró ciudadanos de primera y de segunda, se eliminó el voto universal igualitario conquistado en 1952 y se transformó la justicia en instrumento de persecución y de impunidad. No hay estado de derecho, no hay independencia de poderes, no hay libre organización política ni elecciones genuinas: solo compiten quienes el régimen permite.
El gobierno de Rodrigo Paz asumió el mandato popular de cambio, pero heredó intacta toda la estructura jurídica, administrativa y de personal del masismo. Tiene el gobierno, no el poder. Mientras no se anule la Constitución plurinacional, no se restablezcan las leyes de la República, no se acabe con la impunidad de los crímenes cometidos desde 2003 y no se expulse al crimen organizado de la política, cualquier medida será solo aspirina sobre una enfermedad mortal. La Asamblea puede declarar esa nulidad con un solo artículo basado en el 31 de la Constitución republicana; basta la voluntad política de cumplir el mandato recibido.
Hay esperanza porque el pueblo boliviano la mantiene viva. Pero si el continuismo prevalece, pasaremos de la pobreza extrema a la miseria y pagaremos el precio histórico. Recuperemos la República, la democracia y la libertad. Solo así enfrentaremos la crisis económica, recuperaremos la seguridad y volveremos a ser una sola nación —pluricultural, sí, pero una sola— fundada en la unidad en la diversidad. El 6 de agosto debe marcar el inicio de esa restitución, no la confirmación de nuestra cautividad.
