Bolivia solo sale de la crisis si termina el narcoestado plurinacional
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Nivar Hevía y Vaca: Bolivia vive atrapada en los síntomas de una enfermedad estructural que no puede seguir ignorándose: el narcoestado plurinacional, esa arquitectura delictiva que Evo Morales y su grupo impusieron bajo la dirección de Cuba para suplantar la República e institucionalizar la corrupción, la impunidad y el crimen organizado.
Rodrigo Paz ha asumido el gobierno, pero no el poder. El poder permanece intacto en manos de esa estructura criminal, de la embajada cubana, de la penetración iraní y desde el trópico de Cochabamba, donde Morales desafía a las autoridades sin que la soberanía nacional se atreva a tocarlo. Mientras no se liquide de raíz este sistema, seguiremos hablando de democracia sin poseer ninguno de sus elementos esenciales: estado de derecho, libertades fundamentales, separación de poderes e independencia judicial.
Después de casi nueve meses, el gobierno de Paz enfrenta todos los crímenes económicos y políticos de la dictadura de Morales y Arce Catacora: la destrucción de las reservas de gas, el saqueo de los fondos de pensiones a través de la Gestora, la deuda externa opaca con China, Cuba, Irán y Rusia, y un aparato de justicia convertido en herramienta de extorsión y protección selectiva. Atender solo los síntomas –como el presupuesto inflado o las acusaciones de corrupción– es administrar calmantes a un enfermo cuya causa no se combate. La conspiración no se ha disuelto; se ha apaciguado apenas con el estado de excepción, pero sigue operando para devolver el gobierno a quienes nunca soltaron el poder real.
La receta es clara y urgente: hay que desmontar el narcoestado plurinacional. Hay que derogar sus leyes –empezando por la de la coca que premia al narcotraficante– y restaurar la Ley 1008; hay que expulsar al crimen organizado de la política, de la justicia, de las Fuerzas Armadas, de la Policía y del servicio exterior; hay que restituir la igualdad jurídica, la confiabilidad de las instituciones y la seguridad ciudadana. Solo entonces la economía podrá recuperarse, porque ninguna inversión, interna o externa, florece sobre un suelo de impunidad y desfalco. El pueblo boliviano entregó un mandato soberano de cambio; no de administración de lo mismo con otro rostro.
Si Rodrigo Paz no asume con autoridad y decisión ese mandato –si no convoca a un gobierno de unidad nacional orientado a restaurar el estado de derecho y las libertades–, terminará cargando la responsabilidad de todos los delitos de la dictadura y será usado como coartada por los verdaderos culpables. Ya vimos lo que ocurrió con Jeanine Áñez: apoyos interesados, abandono y cárcel. No queremos otro gobierno de continuismo ni otro fracaso. Bolivia necesita que a este gobierno le vaya bien, porque solo así le irá bien al país. Pero el tiempo se agota.
