Nicaragua dictadura satélite de Cuba sigue estrategia castrista

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Luis Galeano en Café con Voz: El sandinismo dejó hace mucho de representar un proyecto revolucionario para convertirse en un régimen que concentra el poder, elimina las libertades y utiliza el aparato del Estado para perpetuarse. Las recientes decisiones de suprimir cualquier apariencia de competencia electoral no son una demostración de confianza, sino la confesión de que ya ni siquiera consideran necesario disfrazar el autoritarismo.

También resulta evidente que ningún régimen de esta naturaleza se sostiene únicamente por la fuerza. La permanencia del poder ha descansado en alianzas con sectores económicos que privilegiaron la estabilidad de su corrupción sobre la defensa de la democracia. Sin embargo, cuando cambian las circunstancias internacionales, esas mismas alianzas suelen reacomodarse con rapidez. La historia demuestra que quienes respaldan a una dictadura por conveniencia rara vez permanecen a su lado cuando perciben que su caída es inevitable.

Frente a esta realidad, preocupa la tibieza con la que muchos gobiernos democráticos de América Latina han reaccionado durante años. Las declaraciones diplomáticas ya no son suficientes cuando se enfrenta a regímenes que persiguen opositores, encarcelan disidentes y destruyen las instituciones republicanas. Defender la democracia exige decisiones concretas, presión política coordinada y una posición firme frente a quienes han convertido el poder en un mecanismo permanente de represión.

Pero la eventual caída de una dictadura no garantiza, por sí sola, el nacimiento de una democracia sólida. La verdadera prueba comienza después, cuando la oposición debe demostrar capacidad para unirse, construir instituciones y evitar que los mismos grupos que sostuvieron al régimen intenten reciclarse como protagonistas del nuevo escenario. Nicaragua necesitará mucho más que el fin del autoritarismo: necesitará liderazgo, unidad y el compromiso de reconstruir un Estado donde los ciudadanos vuelvan a elegir libremente a sus gobernantes y donde la ley sustituya definitivamente al miedo.