Colombia votará para salir del crimen narcoterrorista
Carlos Sánchez Berzaín da las conclusiones en el Foro “Elecciones presidenciales Colombia 2026”. Segunda vuelta, celebrado en la sede del IID el 17 de junio de 2026.
La segunda vuelta presidencial en Colombia trasciende el ámbito nacional y se proyecta como un episodio decisivo dentro de la disputa política que atraviesa el continente. La elección enfrenta dos modelos irreconciliables: uno asociado al fortalecimiento de la democracia y el Estado de derecho, y otro vinculado a la expansión del crimen organizado, el narcotráfico y los narcoestados. El futuro colombiano se convierte en una pieza clave para el reordenamiento geopolítico de América Latina.
Durante las últimas dos décadas se consolidó una estructura regional impulsada desde Cuba y financiada, en gran parte, con recursos provenientes de Venezuela, permitiendo la expansión de gobiernos paradictatoriales. Sin embargo, ese ciclo está llegando a su fin debido al cambio en la estrategia internacional de Estados Unidos, que ha pasado de la tolerancia política a una ofensiva directa contra organizaciones criminales, grupos narcoterroristas y dirigentes señalados por sus vínculos con el crimen organizado.
En ese contexto, el gobierno de Gustavo Petro y su política de «Paz Total» debilitó la lucha contra las guerrillas y favoreció la expansión del narcotráfico, reflejada en el crecimiento de los cultivos ilícitos y en el fortalecimiento de las estructuras armadas ilegales. Asimismo, una eventual continuidad del proyecto político oficialista significaría prolongar un esquema de corrupción, impunidad y captura del Estado por intereses criminales.
La elección representa mucho más que un cambio de gobierno: simboliza la posibilidad de que Colombia recupere una política de seguridad orientada a combatir el narcotráfico y restablecer el imperio de la ley. El resultado electoral marcará no solo el rumbo del país, sino también un nuevo equilibrio para la región, en el que la derrota del crimen organizado y la reconstrucción de las instituciones democráticas son los pilares de una nueva etapa para las Américas.
