Capturar a Evo Morales obligación del gobierno para desmontar el narcoestado pluri en Bolivia
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado en «As Contenidos»: Bolivia atraviesa una crisis que no puede entenderse como un fenómeno exclusivamente nacional, sino como parte de una transformación regional iniciada a comienzos del siglo XXI. El país dejó de ser una democracia republicana para convertirse en un Estado capturado por el socialismo del siglo 21, un proyecto transnacional, donde el debilitamiento institucional, la concentración del poder, la erosión del Estado de derecho y la expansión del narcotráfico han sustituido los principios fundamentales de la vida democrática.
Evo Morales como operador del socialismo del siglo 21 impuso la Constitución del estado plurinacional, tomó el aparato judicial, la persecución de opositores y el control de las instituciones provocaron la pérdida de la independencia de poderes, el debilitamiento de las libertades públicas y una profunda crisis económica y social que hoy mantiene al país dividido, con altos niveles de pobreza y una creciente desconfianza ciudadana hacia el sistema político.
El escenario internacional ha cambiado y el combate contra el crimen organizado y el narcotráfico se ha convertido en una prioridad geopolítica para varias democracias del continente. En ese contexto Bolivia enfrenta una oportunidad para recuperar la institucionalidad, aunque un cambio de gobierno resulta insuficiente mientras permanezcan intactas las estructuras criminales y de poder construidas durante las últimas dos décadas. La discusión no gira únicamente en torno a quién gobierna, sino a quién ejerce realmente el poder.
La recuperación del país exige decisiones de fondo y no reformas graduales. Hay que empezar por apresar a Evo Morales y restablecer plenamente el Estado de derecho, reconstruir la independencia de las instituciones, combatir las redes del crimen organizado y promover una verdadera reconciliación nacional basada en la unidad de los bolivianos. Sin un desmantelamiento efectivo de las estructuras que sostienen la actual crisis, cualquier intento de reconstrucción democrática corre el riesgo de convertirse únicamente en un cambio de administración, pero no de sistema.
