Escudo de las Américas para terminar narcoestados y suplantación del crimen en la política

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Luis Alberto Vega Forest: La convergencia, en la que participaron la dictadura cubana y sectores políticos articulados en el Foro de São Paulo, dio origen a un proyecto regional que con el tiempo adoptó distintos nombres —Movimiento Bolivariano, ALBA o socialismo del siglo XXI— y que terminó configurando lo que se conoce como castrochavismo. El petróleo venezolano, la influencia política cubana y la red de aliados regionales permitieron expandir un modelo que transformó la política en un instrumento de poder para disfrazar a las dictaduras de crimen organizado.

En ese contexto, varios países de la región han experimentado procesos de concentración de poder y debilitamiento institucional. Venezuela se convirtió en el epicentro del proyecto, mientras que gobiernos afines surgieron o se consolidaron en Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Paralelamente, en otras naciones aparecieron los “gobiernos paradictatoriales”: administraciones elegidas democráticamente pero vinculadas políticamente a la estructura del socialismo del siglo XXI, lo que habría permitido a esa red mantener influencia sobre la política regional.

A lo largo de este proceso, la relación entre estas estructuras políticas y fenómenos del crimen transnacional —narcotráfico, tráfico de personas y organizaciones criminales— se convirtió en uno de los principales temas de debate geopolítico. Estas redes también han impulsado mecanismos de presión sobre Estados Unidos, mediante estrategias de guerra híbrida que incluyen migración irregular, expansión del narcotráfico y penetración de grupos criminales en distintos países del hemisferio.

Frente a este escenario, Washington ha establecido su estrategia de seguridad. Operaciones internacionales contra el narcotráfico, presiones sobre regímenes autoritarios y cambios en la geopolítica regional marcan un nuevo enfoque orientado a debilitar estructuras vinculadas al crimen organizado. En paralelo, se han impulsado procesos de transición política en países donde se busca restablecer instituciones democráticas, liberar presos políticos y preparar elecciones competitivas.

En ese marco surge la iniciativa denominada “Escudo de las Américas”, una coalición impulsada por Estados Unidos y respaldada por varios gobiernos del continente para enfrentar al narcoterrorismo y al crimen organizado transnacional. La propuesta pretende coordinar acciones regionales para desmantelar narcoestados, debilitar a los carteles y restablecer condiciones de estabilidad democrática. Este proyecto representa un punto de inflexión en la región: una línea divisoria entre los gobiernos comprometidos con la defensa de la democracia y aquellos que toleran o protegen estructuras delictivas.