Ruptura de relaciones con Cuba, acción de Ecuador que las democracias deben seguir
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Miguel Rivadeneira en «DemocraciaTV»: La reciente decisión de Ecuador de expulsar a la misión diplomática cubana y declarar persona non grata a su embajador ha reavivado el debate sobre el papel que La Habana ha desempeñado durante décadas en la política regional. Según diversas denuncias y antecedentes históricos, las representaciones diplomáticas del régimen cubano han sido utilizadas no solo para funciones oficiales, sino también como plataformas de influencia política, espionaje e intervención en los asuntos internos de otros países de América Latina.
El caso ecuatoriano tiene precedentes. Durante la crisis política de 2019, el gobierno de Lenín Moreno ya había ordenado la salida de numerosos funcionarios cubanos acreditados como diplomáticos tras detectar su presunta participación en actos de desestabilización. En el actual contexto de lucha contra el narcoterrorismo y el crimen organizado, las autoridades ecuatorianas consideran incompatible mantener en su territorio una legación que, bajo cobertura diplomática, podría favorecer redes de infiltración o respaldo a organizaciones ilícitas en la región.
Desde el punto de vista del derecho internacional, la decisión se ampara en el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, que permite a un Estado declarar persona non grata a un representante extranjero sin necesidad de justificar públicamente la medida. En ese marco, Ecuador ejerció una prerrogativa soberana al exigir la salida del embajador cubano y retirar simultáneamente a su propio representante en La Habana, en una señal de ruptura diplomática de alto nivel.
La medida también se inserta en un escenario geopolítico más amplio en el continente, marcado por la presión de varios gobiernos latinoamericanos contra regímenes autoritarios y estructuras vinculadas al crimen organizado transnacional. En este contexto, el sistema político instaurado en Cuba desde 1959 ha funcionado como eje de redes ideológicas, políticas e incluso operativas que influyeron en movimientos insurgentes y gobiernos afines en América Latina durante las últimas décadas.
En medio de una profunda crisis económica y social en la isla, el régimen cubano enfrenta además un creciente descontento interno y un escenario internacional cada vez más adverso. Mientras algunos analistas anticipan un posible cambio político en el país caribeño en el mediano plazo, decisiones como la adoptada por Ecuador reflejan una tendencia regional que busca redefinir las relaciones diplomáticas con gobiernos considerados responsables de desestabilización política o de vínculos con estructuras criminales.
