Cambio geopolítico en las Américas
Conferencia de Carlos Sánchez Berzaín en el «Primer Seminario Internacional de Geopolítica del Crimen Organizado en América».
El año 2025 marcó el inicio de un cambio profundo en la geopolítica de las Américas, y 2026 se perfila como un punto decisivo para consolidarlo. Tras el fin de la Guerra Fría y la caída de la Unión Soviética, la región entró al siglo XXI con la expectativa de una democracia plena, impulsada por la cooperación hemisférica y el fortalecimiento institucional. La primera Cumbre de las Américas, celebrada en 1994, simbolizó ese ideal: libertad, democracia, economías sólidas y lucha conjunta contra el narcotráfico como ejes centrales de una nueva etapa.
Sin embargo, esa visión comenzó a erosionarse con la reorganización de fuerzas que aceptaron la derrota ideológica del comunismo, pero optaron por una estrategia distinta: la confrontación múltiple. A través de nuevas narrativas y tensiones sociales, y con el ascenso de Hugo Chávez en Venezuela en 1999, se consolidó una alianza regional que dio origen al llamado socialismo del siglo XXI. Lejos de fortalecer la democracia, este modelo derivó en estructuras de poder autoritarias asociadas al crimen organizado transnacional.
Durante las primeras décadas del siglo XXI, este esquema permitió la expansión de regímenes dictatoriales y gobiernos subordinados en varios países, debilitando instituciones, cooptando sistemas políticos y normalizando prácticas criminales desde el Estado. El resultado fue la sustitución progresiva de la política por el crimen organizado, con narcotráfico, corrupción y violaciones sistemáticas a los derechos humanos como herramientas de control y dominación.
Este proceso se sostuvo mediante una forma contemporánea de agresión conocida como guerra híbrida, que incluye migración forzada, tráfico de drogas y personas, desinformación, financiamiento ilegal de campañas, violencia política y desestabilización social. Las democracias de la región, e incluso Estados Unidos, se convirtieron en objetivos de esta estrategia, mientras los responsables operaban desde estructuras estatales o paraestatales con apariencia de legalidad.
El punto de inflexión llegó en 2025, con un cambio radical en la estrategia de seguridad y política exterior de Estados Unidos, que identificó al crimen organizado en el poder como el principal eje de confrontación. A partir de entonces, se impulsaron acciones concretas contra el narcotráfico, el narcoterrorismo y los regímenes que los sostienen, generando un reordenamiento regional visible en procesos electorales más transparentes y en el debilitamiento de estructuras criminales enquistadas en el poder.
Hoy, el escenario que se abre para 2026 es el de una región en transición, con condiciones inéditas para la cooperación regional contra el crimen organizado y la recuperación democrática. El liderazgo hemisférico, el fin de la impunidad y la separación entre política y delito aparecen como pilares de una nueva etapa, en la que los pueblos de las Américas podrían volver a ejercer plenamente sus derechos, elegir en libertad y reconstruir instituciones que garanticen desarrollo, seguridad y soberanía.
