Momento histórico para acabar el terrorismo de Estado en Venezuela
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Napoleón Bravo: Venezuela atraviesa un punto de quiebre. Por primera vez en décadas, la democracia en las Américas deja de aparecer como indefensa frente a regímenes que, amparados en la violencia, el miedo y el control del Estado, consolidaron sistemas de poder criminal. Los acontecimientos recientes evidencian que esas estructuras no son intocables ni impunes.
Durante años, una red de dictaduras asociadas al narcotráfico y al terrorismo de Estado se expandió desde Cuba hacia varios países, utilizando recursos, propaganda y represión para someter a sus pueblos. En ese contexto, Venezuela se convirtió en el eje financiero y operativo de un modelo que vació su economía, anuló libertades y transformó al país en un narcoestado, donde el miedo fue utilizado como herramienta de control social.
La defensa de la seguridad regional también implica la defensa de la libertad y la democracia.
Este escenario abre una oportunidad histórica, pero también un riesgo. No se trata de administrar una “transición” diseñada para que las estructuras criminales sobrevivan sin entregar el poder real. La única vía legítima es la restitución de la democracia: devolver al pueblo sus derechos, restablecer el Estado de derecho, garantizar la separación de poderes y convocar elecciones libres y justas, sin tutelas ni pactos de impunidad.
Sin embargo, la gran incógnita es la ausencia de una acción política clara desde dentro de Venezuela. Mientras el régimen se fragmenta y enfrenta presiones inéditas, no se percibe una estrategia visible que represente al pueblo que ganó en las urnas ni una agenda concreta que articule la recuperación institucional del país. El silencio y la parálisis interna amenazan con dejar el futuro venezolano en manos de negociaciones ajenas a su voluntad popular.
La historia demuestra que las dictaduras pueden caer en el campo político o militar, pero también sobrevivir si no son desmanteladas a tiempo. Venezuela vive un momento de esperanza real, pero esa esperanza exige liderazgo, iniciativa y movilización. La oportunidad está abierta: o el pueblo asume su protagonismo y define su destino democrático, o el vacío será ocupado por acuerdos que perpetúen, con otros nombres, el mismo sistema de opresión.
