Chile derrota al castrochavismo y EEUU lidera lucha contra el narcoterrorismo
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Luis Galeano: La reciente victoria electoral de José Antonio Kast en Chile representa un rechazo contundente a las políticas del gobierno de Gabriel Boric, asociadas al socialismo del siglo XXI y a influencias de Cuba y Venezuela.
La población chilena votó masivamente contra la inseguridad ciudadana, el estancamiento económico y los intentos de reformar la Constitución para convertir al país en un estado plurinacional, similar a Bolivia o Ecuador. Este resultado refleja el nacionalismo y la conciencia cívica del pueblo chileno, que repudió la protección al crimen organizado transnacional bajo el pretexto de ideologías de izquierda.
Chile destaca por su vocación democrática arraigada, con instituciones sólidas y un sistema electoral confiable, lo que permitió un reconocimiento inmediato del ganador sin manipulaciones. En contraste, en Honduras, el gobierno actual, paradictatorial, intenta deslegitimar las elecciones para anular resultados adversos, donde la candidata oficialista queda en tercer lugar con menos del 20% de apoyo. Más del 80% de los hondureños repudia al régimen a través de otros candidatos, evidenciando maniobras para perpetuarse en el poder mediante fraude y desinstitucionalización.
El mandato de Boric se caracterizó por un alineamiento con dictaduras como la de Cuba y Bolivia, ignorando presos políticos y crímenes en esos países, mientras se desmarcaba parcialmente de Venezuela debido a presiones internas por la presencia de grupos criminales como el Tren de Aragua. Esta postura paradictatorial debilitó la soberanía chilena y favoreció intereses externos, lo que impulsó la reacción electoral. En Nicaragua y otros contextos similares, se observa una estrategia de enredar procesos electorales para mantener el control.
En América Latina, la confrontación ya no se reduce a derechas e izquierdas, sino a la defensa de la libertad y la democracia contra el crimen organizado disfrazado de socialismo del siglo XXI. Países como Argentina, Paraguay, Ecuador y Bolivia han elegido gobiernos alineados con el respeto a los derechos humanos, el estado de derecho y la rendición de cuentas. Esta tendencia marca un vuelco geopolítico en 2025, impulsado por alianzas regionales y una mayoría en organismos como la OEA.
El liderazgo de Estados Unidos bajo Donald Trump ha sido clave, con una nueva estrategia de seguridad nacional que identifica amenazas como la migración forzada, el narcotráfico y la desestabilización provenientes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Operaciones como Lanza del Sur intensifican la lucha contra el narcoterrorismo, generando cambios como la entrega de narcotraficantes en México y acciones antinarcóticas en varios países. Esto equilibra la balanza contra dictaduras que usan violencia y armas para oprimir a sus pueblos.
Para 2026, se prevé la liberación de naciones oprimidas, empezando por Venezuela, donde el Cartel de los Soles enfrenta ultimátums y sanciones que lo arrinconan. Opciones para sus líderes incluyen entrega, captura, huida o eliminación, con fuerzas armadas venezolanas posiblemente actuando contra ellos. Este proceso, respaldado por presiones internacionales, promete desalojar al crimen organizado del poder, completando un cambio regional hacia la democracia y la soberanía popular.
