Narcoterrorismo en el poder: cómo el crimen suplantó la política en Latinoamérica

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Idania Chirinos en NTN24: Históricamente, el narcotráfico ha tenido vínculos con el poder político en las Américas, pero su rol cambió radicalmente en el siglo XXI. Mientras en las décadas de 1980 y 1990 los carteles financiaban campañas y candidatos (con Cuba como primer narcoestado documentado en los años ochenta, seguida de escándalos en Colombia y Bolivia), a partir del 2000 los propios regímenes del llamado socialismo del siglo XXI —Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia— tomaron el control directo de las rutas, producción y ganancias de la droga cuando el petróleo venezolano dejó de ser suficiente para sostenerse.

Este giro convirtió al narcotráfico en el principal sustento económico y político de esas dictaduras. Los mismos gobiernos que antes recibían donaciones de narcos pasaron a dirigirlos, utilizando las ganancias para financiar terrorismo de Estado (represión interna para generar miedo y sumisión) y para dar refugio, entrenamiento y documentación a grupos terroristas transnacionales, incluido el iraní. El Cartel de los Soles en Venezuela no es un grupo paralelo al Estado: es el propio régimen chavista convertido en organización criminal.

El paradigma se invirtió: ya no es la política corrompida por el narco, sino el crimen organizado disfrazado de gobierno.

Este control territorial y financiero del narcoterrorismo es visto ahora por Estados Unidos como una amenaza directa a su seguridad nacional, comparable a un acto de guerra no convencional mediante migración forzada, fentanilo, tráfico de personas y financiamiento de movimientos políticos en países vecinos. La respuesta es un cambio geopolítico: Washington, junto a gobiernos democráticos de Argentina, Ecuador, El Salvador, Costa Rica y otros, ha pasado de la cooperación policial a una ofensiva militar abierta contra estructuras criminales que detentan poder estatal.

La operación actual en el Caribe, con portaviones y fuerzas desplegadas, tiene como objetivo neutralizar al Cartel de los Soles y eliminar la capacidad del régimen venezolano de producir y exportar droga. Se descarta una invasión convencional; se busca la captura o eliminación de sus líderes —Maduro, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino— con recompensas ya vigentes. Se prevé que 2026 marque el fin del crimen organizado como gobierno en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, para luego abordar territorios narco controlados dentro de países aún democráticos como México, Colombia y Argentina.

El nuevo eje geopolítico ya no es izquierda-derecha, sino democracias defendiendo su supervivencia frente a estructuras criminales que adquirieron estatus de Estados. Estados Unidos considera que remover esas cabezas criminales es, la forma más efectiva de devolver la soberanía y democracia a los pueblos sometidos por ellas.