No habrá libertad manteniendo la estructura dictatorial, la impunidad y el narcoestado

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Nivar Hevía y Vaca: El triunfo de Rodrigo Paz Pereira y Edmand Lara marca un punto de inflexión en la historia reciente de Bolivia. Luego de más de dos décadas bajo el dominio del llamado “socialismo del siglo XXI”, el país enfrenta la posibilidad real de recuperar la democracia, reconstruir el Estado de derecho y romper con la estructura del narcoestado. Las elecciones de 2025 no solo reflejan un cambio de liderazgo, sino también un hartazgo ciudadano frente a la corrupción, la pobreza y la dependencia política de Cuba y Venezuela.

La victoria de Paz se da en un contexto geopolítico de cambio en las Américas. Con la administración estadounidense centrada nuevamente en la lucha contra el crimen organizado y el narcoterrorismo, los gobiernos democráticos de la región comienzan a coordinar esfuerzos para debilitar las dictaduras que aún persisten. En ese marco, el acercamiento del nuevo presidente boliviano a Estados Unidos representa un giro histórico tras años de aislamiento diplomático y antiamericanismo promovido por Evo Morales y Luis Arce.

El desafío inmediato de Paz será doble: restablecer la institucionalidad y enfrentar la crisis económica. Para lograrlo, deberá reinstaurar la independencia judicial, garantizar la seguridad jurídica y promover la inversión privada, condiciones indispensables para atraer capitales y generar empleo. La tarea implica desmontar el sistema legal impuesto por la dictadura —incluida la Constitución del Estado Plurinacional— y devolver vigencia a las leyes republicanas que aseguren el respeto a los derechos humanos y la propiedad privada.

Sin embargo, la transición no será fácil. Bolivia sigue cargando con más de 300 presos políticos, miles de exiliados y un aparato judicial sometido al poder político. A ello se suma la permanencia de redes de corrupción y narcotráfico que se beneficiaron del antiguo régimen. La gran incógnita es si Paz podrá depurar las instituciones sin desatar nuevos conflictos internos, mientras impulsa la recuperación económica de un país empobrecido y fracturado.

Bolivia se encuentra ante una oportunidad histórica: dejar atrás el autoritarismo y el crimen organizado para reconstruir una república libre y democrática. Si el nuevo gobierno logra consolidar la justicia, la transparencia y la cooperación internacional, podrá convertirse en ejemplo para una región que busca, tras años de oscuridad, recuperar la libertad y el progreso.