Las dictaduras son crimen organizado
Calos Sánchez Berzaín en Forum «Organized Crime and Democracy in Latin America». Crimen organizado y democracia: el eje de confrontación en las Américas
El foro “Crimen organizado y democracia en América Latina”, organizado por Infobae, la Universidad Austral y el Instituto Interamericano para la Democracia, reunió a expresidentes, académicos y expertos de la región para analizar uno de los mayores desafíos contemporáneos: la expansión del crimen organizado en el poder político. La principal confrontación del siglo XXI no es ya entre ideologías políticas, sino entre el crimen organizado y la democracia, una lucha que define el destino institucional del continente.
El origen de esta confrontación se remonta a la expansión del socialismo del siglo XXI, que transformó a regímenes autoritarios en verdaderos narcoestados. En 1999 solo existía una dictadura en América, la de Cuba, pero que el proyecto impulsado por Hugo Chávez extendió ese modelo a Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, donde el crimen organizado no solo colabora con el poder político, sino que se ha convertido en el poder mismo. Estos regímenes, utilizan las estructuras estatales para promover el narcotráfico, el lavado de dinero y otras actividades criminales, lo que los define como Estados capturados por el delito.
La “guerra híbrida”, es una estrategia de desestabilización empleada por las dictaduras del socialismo del siglo XXI. Esta guerra, combina herramientas como el narcotráfico, la migración forzada, la trata de personas y la manipulación política para debilitar las democracias desde dentro. De este modo, surgen los llamados “gobiernos paradictatoriales”, elegidos democráticamente, pero subordinados a los intereses del castrochavismo, como sería el caso de México, Colombia, Brasil, Honduras y Chile. Esta infiltración política, representa una amenaza directa a la libertad y la soberanía de los países latinoamericanos.
Hay un cambio geopolítico profundo en 2025, impulsado por la nueva política exterior de Estados Unidos. Washington ha pasado de una estrategia de contención ambigua a una política de confrontación directa contra el narcoterrorismo, que ahora es considerado una amenaza a su seguridad nacional. Este giro implica una redefinición de alianzas y una nueva etapa de cooperación hemisférica centrada en combatir las redes del crimen organizado transnacional que sostienen a los regímenes autoritarios de la región.
Las democracias latinoamericanas: no pueden coexistir con el crimen organizado ni con sus gobiernos protectores. Los líderes democráticos deben abandonar la pasividad del “políticamente correcto” y a diseñar un plan integral continental que enfrente directamente a las dictaduras de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Solo mediante la coordinación política, judicial y militar, concluyó, podrá América Latina recuperar el dominio de la ley, la libertad y la democracia, hoy amenazadas por una alianza visible entre ideología, poder y crimen.
