Usurpadores del poder en Venezuela bajo acción internacional de la democracia contra el crimen

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Ana Torres en TV Azteca Honduras: Venezuela atraviesa una de las etapas más críticas de su historia reciente, marcada por la captura del Estado por un grupo de delincuencia organizada transnacional que actúa como satélite de la dictadura cubana. Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, el régimen de La Habana encontró en Caracas un motor para expandir su modelo político en la región, consolidando alianzas en Nicaragua, Bolivia, Ecuador en la época de Correa y otros países a través del llamado socialismo del siglo XXI.

Tras las elecciones del 28 de julio del año pasado, donde la oposición encabezada por María Corina Machado y su candidato González Urrutia obtuvo el respaldo popular, el régimen fue señalado internacionalmente como un grupo usurpador y criminal. Este poder paralelo, vinculado al narcotráfico mediante el “Cartel de los Soles”, enfrenta hoy presión debido a las acciones de Estados Unidos, que ha duplicado la recompensa por la captura de Nicolás Maduro a 50 millones de dólares, superando incluso la ofrecida en su momento por Osama Bin Laden.

La lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en el Caribe y en aguas internacionales cercanas a Venezuela se ha convertido en una prioridad para Washington, pero no se trata de una acción aislada. Países como Francia, Paraguay y Ecuador han calificado al régimen de Maduro como un grupo criminal y narcoterrorista, sumándose a un frente internacional que busca aislar al chavismo. Este movimiento refleja un intento de activar mecanismos interamericanos que fueron bloqueados durante años por la influencia del socialismo del siglo XXI en la OEA.

En este contexto, la resistencia del pueblo venezolano, liderada por María Corina Machado, es vista como un elemento clave en el proceso de recuperación democrática. La articulación entre las fuerzas internas y la presión internacional se interpreta como una operación coordinada para devolver la libertad a Venezuela y desmontar la estructura criminal que hoy detenta el poder en el país.

La historia reciente demuestra que el crimen no paga: capos como el Chapo Guzmán o el Mayo Zambada enfrentan cadena perpetua en Estados Unidos. El destino de Nicolás Maduro podría seguir ese mismo camino. Lo que está en marcha no es solo una estrategia contra un gobierno autoritario, sino un proceso para redefinir el equilibrio geopolítico en América Latina, marcando el inicio del fin de una era de influencia cubana con el socialismo del siglo 21 y el crimen organizado en la región.