Bolivia demanda cambio de sistema no solo cambio de gobierno
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Luis Galeano en «Café con Voz»: Lo ocurrido en Bolivia el 17 de agosto de 2025 marca un punto de inflexión político. El proceso electoral demostró dos aspectos clave: la contundente voluntad del pueblo boliviano, que en más de un 80% repudia el sistema dictatorial vigente, y la urgente necesidad de una verdadera unidad en la oposición. La jornada, pese a desarrollarse bajo un marco institucional controlado por el régimen, abrió una inesperada ventana de esperanza al neutralizar los mecanismos tradicionales de fraude.
El resultado favoreció a Rodrigo Paz Pereira, quien se posicionó en primer lugar, a pesar de que las encuestas no lo señalaban como favorito. Su ascenso se explica por la percepción ciudadana de que representaba la opción de cambio frente a otros candidatos considerados opositores funcionales al régimen. La división interna entre Evo Morales y Luis Arce debilitó la capacidad de manipulación electoral, permitiendo que el voto ciudadano se expresara con mayor libertad.
La elección no se limita a un cambio de gobierno, sino que refleja la demanda de un cambio de sistema. El pueblo exige el retorno a la República y la democracia, el fin del Estado Plurinacional y la salida de la influencia extranjera de Cuba, Venezuela, Irán, China y Rusia. Además, se busca poner fin a la persecución política, la existencia de presos y exiliados, y la conversión de Bolivia en un narcoestado.
La segunda vuelta, prevista para octubre, será decisiva. Tanto Paz Pereira como Jorge Quiroga deberán demostrar un compromiso firme con la restauración republicana. El riesgo es que el sistema dictatorial sobreviva con otro rostro si no se desmontan sus bases legales e institucionales. La historia reciente, con la transición fallida tras la salida de Evo Morales en 2019, constituye un recordatorio de que sacar al dictador no basta si la dictadura permanece intacta.
Finalmente, el contexto de crisis económica y social profundiza la urgencia del cambio. Bolivia, que hace dos décadas era una potencia energética y un país en ascenso, hoy enfrenta escasez de gas, combustible, divisas y un encarecimiento constante de los alimentos. La señal enviada por el pueblo es clara: más allá de nombres y campañas, hay un mandato ineludible de libertad, democracia e independencia. El desenlace de octubre definirá si ese mandato se cumple o vuelve a ser traicionado.
