Narcoestado, dictadura electoralista y crisis en el bicentenario de Bolivia

Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Marino Ambía Vivanco: El pasado 6 de agosto, Bolivia conmemoró su bicentenario en medio de una profunda crisis política, económica e institucional. Bolivia se ha convertido en un “narcoestado” y en uno de los satélites del socialismo del siglo XXI, sin ninguno de los elementos esenciales de la democracia. Esta fecha histórica, más que una celebración, debe ser un compromiso para recuperar la independencia, la república y la democracia.

A pocos días de las elecciones del 17 de agosto, Bolivia tiene un sistema electoral manipulado que replica los modelos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. El padrón electoral está adulterado hasta en un 30%, las autoridades electorales responden al régimen, el conteo de votos es opaco y los candidatos opositores reales son excluidos, reemplazados por “opositores funcionales” que dividen el voto y legitiman el fraude.

Bolivia vive con más de 300 presos políticos y unos 27.000 exiliados, en un contexto donde no existe independencia judicial ni respeto por los derechos humanos. Además, la crisis interna se agrava por la falta de divisas, combustibles, el colapso del sector gasífero y la histórica pérdida del mar. Este panorama confirma que no hay condiciones para elecciones libres.

Pese a la gravedad del escenario, en Bolivia existe un repudio ciudadano cercano al 80% contra el régimen, aunque la fragmentación de la oposición impide un frente único. Experiencias pasadas, como el interinato de Jeanine Áñez, terminaron consolidando al oficialismo debido a acuerdos y pactos que beneficiaron al sistema dictatorial.

El futuro de Bolivia puede ser prometedor si el pueblo persevera en la lucha por su libertad. Gane quien gane este 17 de agosto, el proceso marcará un punto de inflexión hacia la caída del socialismo del siglo XXI en el país. El bicentenario no es un cierre, sino el inicio de una nueva etapa para recuperar la república y la democracia.