Uribe y Bolsonaro son presos políticos: Colombia y Brasil bajo ataque del socialismo del siglo 21
En Colombia ha llegado a la presidencia un exguerrillero que ha salido de la sombra del crimen para gobernar un país, sostenido por el socialismo del siglo 21 y con el soporte de ese grupo criminal. Su propio embajador en Venezuela ha probado que el ha tenido financiamiento del narcotráfico. Petro está destruyendo la democracia colombiana y está destruyendo el liderazgo más importante que es el expresidente Uribe. En Brasil Lula estaba en la cárcel por el caso Lavajato, han manipulado el sistema de justicia y Lula ha salido de la cárcel, gana la presidencia, pone en marcha procesos para copar el poder judicial y perseguir al expresidente Bolsonaro. Lo que vive Brasil y Colombia es un proyecto trasnacional, un grupo criminal que bajo el mando de la dictadura cubana tiene opera desde Venezuela y controla Nicaragua y Bolivia. Mientras no se termine con la dictadura de Cuba y Venezuela, todas las democracias en latinoamérica están bajo amenaza.
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado en NTN24: En América Latina se vive un fenómeno preocupante que trasciende fronteras: la persecución judicial de líderes democráticos como parte de una estrategia sistemática del socialismo del siglo XXI. Los casos del expresidente Álvaro Uribe en Colombia y de Jair Bolsonaro en Brasil no son hechos aislados, sino parte de un proyecto transnacional dirigido desde la dictadura cubana, con operaciones consolidadas en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, y gobiernos paradictatoriales en países como México, Chile y Honduras.
Este modelo, que tuvo su origen con la alianza entre Hugo Chávez, Fidel Castro y Lula da Silva, ha demostrado una metodología clara: tomar el poder mediante elecciones financiadas y manipuladas, luego cooptar las instituciones, especialmente el poder judicial, y finalmente eliminar a los líderes democráticos, ya sea a través de exilio, prisión o incluso el asesinato. Lo que se vive en Colombia y Brasil —la persecución a Uribe y Bolsonaro— es un paso más hacia la instauración de nuevas dictaduras.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro, un exguerrillero, está desmantelando la democracia para eliminar a su principal adversario político. En Brasil, tras ser liberado por una cuestionada decisión judicial, Lula ha tomado el control del poder y lanzado una ofensiva jurídica contra Bolsonaro, el opositor demócrata más fuerte. En ambos casos, se repite el esquema visto previamente en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y el Ecuador en la dictadura de Rafael Correa.
El peligro, es no reconocer al verdadero enemigo: que es el sistema criminal organizado, manejado desde Cuba, financiado por el narcotráfico y protegido por estructuras políticas locales. Este castrochavismo está avanzando con impunidad, utilizando la judicialización como arma política para desmantelar las democracias desde adentro.
Lo que hoy ocurre en Colombia y Brasil podría repetirse en otros países. La región enfrenta un eje de confrontación entre dictaduras de crimen organizado y democracias. Identificar al enemigo real es el primer paso para detener el colapso democrático que avanza bajo la careta del progresismo y la justicia.
