Israel, defensa de la paz y seguridad internacionales y cambio geopolítico global
Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Juan de Dios Cincunegui en Portada 24: Para comprender el conflicto actual entre Israel e Irán, es necesario encuadrarlo dentro de un fenómeno más amplio: la guerra global del siglo XXI. Esta se define por una confrontación estratégica que abarca dimensiones políticas, económicas, tecnológicas y mediáticas, en la que ningún país puede considerarse verdaderamente neutral. Todo comenzó con la invasión rusa a Ucrania, donde rápidamente el mundo democrático —Estados Unidos, Europa, Japón, Australia— se alineó contra Rusia, mientras que las dictaduras de China, Irán, Corea del Norte, Cuba y varios regímenes latinoamericanos la respaldaron. Así surgieron dos bloques: democracias versus dictaduras.
La agresión terrorista contra Israel desde Gaza, con respaldo directo de Irán, abrió un segundo frente de esta guerra global. Irán, con su régimen teocrático, ha financiado durante años grupos armados y operaciones encubiertas en Oriente Medio y más allá. Frente a ello, Israel respondió con fuerza, activando su operación “Espada de Hierro” y, más recientemente, “León Creciente”, destinada a desmantelar las capacidades nucleares iraníes. Estas acciones no solo se enmarcan en un conflicto bilateral, sino que involucran nuevamente a los mismos actores globales que han tomado partido en la guerra de Ucrania.
La amenaza nuclear iraní ha expuesto la ineficacia del sistema internacional liderado por la ONU, incapaz de frenar la expansión de estas dictaduras. Irán, que durante más de una década aseguró desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos, está hoy al borde de fabricar armas atómicas. La reacción de Israel es una señal clara de autodefensa ante la inacción global. Así, se consolida el tercer gran frente activo de la guerra global contemporánea: Rusia-Ucrania, Gaza-Israel y ahora Israel-Irán.
A diferencia de la Guerra Fría, donde existían liderazgos definidos —Estados Unidos por el mundo libre y la URSS por el bloque comunista—, en esta guerra global no hay jerarquías. China no subordina a Rusia, ni Irán a Corea del Norte. Del lado de las dictaduras, cada actor opera según sus intereses, aunque comparten alianzas estratégicas, bases militares y cooperación en inteligencia. América Latina no está exenta: regímenes como los de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Cuba han cedido soberanía y territorio a estas potencias, alineándose abiertamente contra las democracias. La guerra global ya está en marcha, y su desenlace dependerá de la capacidad de respuesta —y unidad— del mundo libre.
