Organismos Internationales, OEA y DOCTRINA ALMAGRO
Carlos Sánchez Berzaín en el Foro internacional “Desafíos de la democracia – La Doctrina Almagro”.
El 2025 marca un hito importante en la historia de la Organización de Estados Americanos (OEA) con la despedida de su Secretario General, Luis Almagro, quien deja sus funciones tras diez años de trabajo al servicio de la democracia en las Américas. La OEA, como órgano político, es producto de los gobiernos de los Estados miembros. Estos organismos internacionales no son entidades independientes, sino que dependen directamente de los lineamientos políticos de los gobiernos que los componen. De este modo, la OEA, como muchas otras organizaciones internacionales, se encuentra lejos de la gente y en ocasiones muestra una notable ineficiencia en el cumplimiento de sus objetivos.
A pesar de la revolución tecnológica que ha permitido a los ciudadanos del siglo XXI expresarse de manera directa, la OEA sigue siendo un organismo donde el individuo tiene un rol limitado, representado por su propio Estado y gobierno. La consecuencia de esta estructura es una crisis de efectividad y una falta de conexión con las necesidades reales de las poblaciones.
El inicio del siglo XXI en América Latina estuvo marcado por la expansión de un modelo autoritario, particularmente el “socialismo del siglo XXI”, impulsado por la dictadura cubana de Fidel Castro y respaldado por Hugo Chávez. Con este modelo, se produjo la caída de varios presidentes democráticamente electos en la región, como los casos de Ecuador, Argentina y Bolivia. En ese contexto, la OEA sufrió una transformación interna, ya que las nuevas influencias políticas empezaron a moldear sus decisiones y su estructura.
El ascenso del Movimiento Bolivariano, liderado por Chávez y respaldado por el Foro de Sao Paulo, cambió la dinámica de la organización, particularmente cuando el expresidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez fue forzado a renunciar a su cargo de Secretario General de la OEA debido a acusaciones de corrupción. Esto abrió paso a nuevas elecciones en las que la influencia de los votos del Caribe, influenciados por el petróleo venezolano, desbarató las propuestas de Estados Unidos para la Secretaría General, otorgando el cargo a José Miguel Insulza, quien sirvió de 2005 a 2015.
Bajo el liderazgo de Luis Almagro, la OEA se alineó más decididamente con los principios democráticos, defendiendo la libertad, los derechos humanos y la soberanía popular. A pesar de las críticas y la influencia de los gobiernos autoritarios, Almagro optó por una postura firme en contra de los regímenes que violaban estos principios, especialmente en países como Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua.
Una de las propuestas más destacadas de Almagro fue la Doctrina Almagro, formulada en 2017, cuyo propósito era garantizar que la democracia en cada país de las Américas se evaluara anualmente en función de los principios de la Carta Democrática Interamericana. Esta doctrina buscaba institucionalizar una evaluación rigurosa de la situación democrática en cada país, impulsando la lucha contra la impunidad y fortaleciendo la protección de los derechos humanos en la región.
Almagro también se destacó por su posición firme contra las dictaduras que persistían en la región, como la de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. En particular, durante su mandato, la OEA fue clave para exponer la crisis política en Venezuela, donde el informe sobre la dictadura venezolana marcó un antes y un después en la OEA.
La lucha por la democracia también tuvo su impacto en Ecuador, donde el gobierno de Lenin Moreno, con el apoyo de Almagro, logró avanzar en la transición hacia una democracia más robusta después de 10 años de dictadura bajo el liderazgo de Rafael Correa. Este ejemplo demostró cómo la OEA, bajo el liderazgo de Almagro, pudo desempeñar un papel positivo en la restauración democrática en contextos complejos.
A pesar de sus logros, la gestión de Almagro también enfrentó críticas, particularmente debido a la persistente influencia de los gobiernos autoritarios en la OEA. Los desafíos que quedan por delante son significativos: la OEA debe seguir evolucionando para convertirse en un organismo más cercano a los pueblos de América Latina, sin perder su independencia y su capacidad de actuar con eficacia.
Además, el futuro de la OEA dependerá en gran medida de la capacidad de los nuevos líderes internacionales para abordar la crisis de la democracia en la región, fortalecer el estado de derecho y continuar luchando contra las dictaduras que siguen desafiando los principios fundamentales de la organización.
