El Presidente Trump y la democracia en América Latina

Carlos Sánchez Berzain*

14 de Noviembre 2016

(Diario Las Américas)  En la durísima campaña presidencial de los Estados Unidos, los candidatos expusieron en muy pocas ocasiones y muy parcialmente algunos puntos de vista sobre política exterior con América Latina.  Mas allá de las discrepancias y confrontaciones entre republicanos y demócratas, con la elección de Donald Trump estamos en un momento político diferente que impone la necesidad de recordar que al nuevo Presidente de los Estados Unidos le esperan dos Américas, la democrática y la dictatorial del socialismo del siglo XXI.  Mientras la cortina de humo de lo dicho en la campaña electoral es lo que ahora se ve, el tema de fondo es el futuro de la  libertad y de la democracia en la región.

En situaciones de decisión y toma de posiciones, los estados actúan en función de sus ideales y de sus intereses nacionales. El equilibrio entre los principios y valores que integran los ideales nacionales con el interés es lo deseable. La historia de los Estados Unidos demuestra que este país ha guidado su política exterior en base a un “interés nacional pragmático y realista”, fundado en “la promoción de la libertad, la defensa de la democracia y de las instituciones republicanas”, a la que agregó la promoción de los derechos humanos.

 El socialismo del siglo XXI que empezó como movimiento bolivariano y proyecto Alba, luego de la muerte de Hugo Chávez está claramente liderado por la dictadura cubana e integrado por los gobiernos Nicolás Maduro en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Daniel ortega en Nicaragua.  Es un conjunto de regímenes caracterizados por: ignorar y avasallar premeditada y deliberadamente el orden constitucional preexistente al que han suplantado en su beneficio; destrozar y hacer inexistente el “estado de derecho”; eliminar la división e independencia de las ramas del poder público; violar los derechos humanos de sus ciudadanos mediante la judicialización de la represión, con presos y exiliados políticos; extinguir la libertad de prensa y de expresión;  manipular las elecciones haciendo desaparecer su carácter libre y transparente para convertirlas en instrumento de perpetuación indefinida en el gobierno; impedir la libre organización política y la posibilidad de que la oposición llegue al poder.

Las “dictaduras del socialismo del siglo XXI” son regímenes que no cumplen ninguno de los elementos esenciales de la democracia de acuerdo a la Carta Democrática Interamericana, pero que sin embargo se presentan y son tolerados como si se tratara de gobiernos iguales a los de la América con democracia, respecto a los que son una amenaza de desestabilización permanente.  El poder del dilapidado petróleo venezolano les ha permitido controlar la OEA, formar un bloque de presión en la ONU, paralizar la integración regional y extender una red de corrupción que se empieza a develar a partir de los escándalos de los gobiernos de Lula y Dilma en Brasil (solo la punta del ovillo que enreda a todos los gobiernos no democráticos incluyendo la Argentina de los Kirchner).

En el escenario marcado Chávez y Castro en lo que va del siglo XXI, los Estados Unidos tienen lo suyo de parte de estos regímenes auto declarados antiimperialistas: Venezuela, Ecuador y Bolivia han expulsado a los embajadores americanos que han sido repuestos en los dos primeros países; Ecuador ha echado de Manta las bases militares estadounidenses y ha retirado de su país la cooperación americana; el dirigente cocalero Evo Morales expulsado de Bolivia a la DEA, a USAID y controla el mismo los cultivos ilegales de coca incrementado en mas de 10 veces la producción de droga; todos los dictadores del socialismo del siglo XXI sin excepción han sido extraordinariamente explícitos en acusaciones e insultos al presidente y al gobierno de los Estados Unidos al punto que en la Asamblea General de la ONU de este año, Evo Morales acusó de genocidio pidió enjuiciar al Presidente Obama por delitos de lesa humanidad; todos estos gobiernos han contribuido al crecimiento de la actividad del narcotráfico con destino a los Estados Unidos, Venezuela y Bolivia son consideradas narco estados; todos han abierto sus territorios a relaciones con Irán y se han proclamado abiertamente anti israelitas; todos se han sobre endeudado con China permitiéndole una extraordinaria presencia en la región.

La amenazas contra de Estados Unidos –entre otras-  son el narcotráfico, el terrorismo, la migración descontrolada.  Todas ellas tienen punto de origen o de apoyo en las dictaduras del socialismo del siglo XXI que lideradas por la dictadura castrista han señalado reiteradamente como su enemigo a los Estados Unidos.  La enemistad es obvia por el contraste evidente entre los principios de libertad, derechos humanos, democracia e institucionalidad en que se sustenta y que promueve Estados Unidos, frente a la opresión, la violación de los derechos humanos como política de estado, la destrucción de la democracia y de las instituciones republicanas para perpetuarse en el poder que ejecutan las cinco dictaduras de América Latina.

Este es el problema fundamental que amenaza los intereses y la seguridad nacional de los Estados Unidos y ha sido apenas mencionado en la campaña electoral. No se trata de intervención estadounidense en los problemas de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, es un asunto de defensa de valores universales. El Presidente electo de los Estados Unidos debe saber que entre sus desafíos está el de la democracia en América Latina, cuya defensa coincide con los ideales e intereses fundamentales de su Nación.

 

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

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