La lucha por la democracia no es conspiración

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La lucha por la democracia no es conspiración

Cuando mujeres y hombres libres se unen para defender sus derechos violados y recuperar la democracia no existe conspiración

    CARLOS SÁNCHEZ BERZAÍN*COLUMNISTAjue may 15 2014 17:45

Las dictaduras del socialismo del siglo XXI en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros estados, criminalizan a los defensores de la democracia acusándolos de conspiración, buscando legitimar la represión, la violación de los derechos humanos y de las libertades individuales, con el pretexto de proteger la estabilidad de sus Gobiernos. Utilizan los mecanismos de defensa de la democracia para defender la perpetuación de regímenes totalitarios.

Los dictadores Maduro, Cabello y su Gobierno en Venezuela se han dado a la tarea de acusar de conspiración a los líderes políticos, sindicales, estudiantiles, profesionales y de todo gremio y actividad que luchan por la libertad y la democracia en su país. En la última semana el régimen de Maduro ha acusado de conspiradores y de estar tramando un golpe de Estado en su contra a los defensores de los Derechos Humanos en Venezuela, a miembros del Foro Penal venezolano, a artistas incluyendo humoristas, diseñadores de modas, actrices, pianistas, trompetistas e intelectuales.

En Cuba la dictadura castrista tiene en pleno funcionamiento su sistema de seguridad del Estado en el que incluso -para manipular lo que denominan conspiración- tiene instituido el concepto de “peligrosidad social pre-delictiva”, por la que detienen, juzgan, condenan, sancionan, torturan y encarcelan a ciudadanos “por los delitos que pudieran cometer en el futuro”, lo que equivale a procesarlos por lo que imagina el régimen que la gente está pensando. Esta atroz institución dictatorial de violación de los derechos humanos es aplicada a cuanta persona elija el castrismo y muchos de los miembros del exilio cubano en el mundo han pasado por esta infamante justicia dictatorial.

Desde el Gobierno de Ecuador se han producido acusaciones de conspiración a políticos, empresarios, policías, periodistas, intelectuales, indígenas. opositores, ciudadanos comunes y miembros de organizaciones no gubernamentales que defienden la libertad de prensa, las libertades y que acusan al gobernante ecuatoriano de haber copado la justicia para utilizar los tribunales como un medio de persecución y represión política. El Gobierno de Ecuador tiene el curioso dato de poseer exiliados en su propio territorio, es el caso de la persecución del asambleísta Jiménez y del periodista Villavicencio protegidos por la comunidad indígena de Sarayaku.

En Bolivia las denuncias de conspiración hechas por el jefe del Gobierno, su segundo en el mando y miembros de su gabinete, se producen cada que el gobierno necesita generar o dirigir noticias para tapar alguno de sus permanentes casos de corrupción, o cuando necesita justificar hechos de persecución política judicializada, o buscando mejorar su posición en el marco de la simulación electoral con la que disfraza de democracia la dictadura de Evo Morales. La última acusación de conspiración fue realizada para evitar la unidad de la oposición frente a la re-reelección de Morales y Linera; la prueba ofrecida fueron imágenes de la presentación del libro “la dictadura del siglo XXI en Bolivia”.

La conspiración es la acción de conspirar y conspirar es la “unión de varias personas contra su soberano o superior”. En democracia el soberano es el pueblo; el gobernante elegido por el pueblo tiene la representación del soberano y la ejerce bajo condiciones de legalidad y legitimidad constitucional con obligación de respetar los elementos esenciales de la democracia. El gobernante es un mandatario y el soberano es el mandante.

El concepto de conspiración sólo es aplicable en democracia. Cuando mujeres y hombres libres se unen para defender sus derechos violados y recuperar la democracia no existe conspiración, porque no están cometiendo ningún acto ilegal ni ilícito. No conspiran cuando se unen a favor del soberano que es el pueblo, cuya libertad defienden.

Un dictador no es ni superior legítimo ni es soberano, no hay manera legal ni doctrinal, no hay forma teórica ni práctica de acusar de conspiración a los defensores de la democracia en los países de las Américas ocupados hoy por regímenes dictatoriales. Estas acusaciones y las acciones de represión que les siguen, son solo pruebas del ejercicio dictatorial.